Aunque en su gran mayoría inconscientes de ello, pasan los hombres toda su vida en de un vasto y poblado invisible. Durante el sueño o éxtasis, cuando los conspicuos sentidos físicos quedan temporalmente en suspenso, se le muestra al hombre algo de dicho otro mundo, y a veces regresa de aquellas condiciones con más o menos vaga de lo que vio y oyó allí.

Cuando en el cambio llamado muerte desecha el hombre completamente el cuerpo físico, pasa a dicho mundo invisible y allí vive durante los siglos que transcurren entre sus encarnaciones en el mundo físico. Pasa el hombre la mayor parte de ese largo período en el mundo celeste; pero ahora hemos de contraernos a considerar la parte inferior del mundo invisible, la condición en que halla inmediatamente después de la muerte, el Hades o mundo inferior de los griegos, el purgatorio o estado intermedio de los católicos, al que llamaron mundo astral los alquimistas medievales.

El primer punto que ha de evidenciarse al describir el mundo astral, es su absoluta realidad. Desde luego que no empleo esta palabra en el sentido metafísico de que excepto el Ser inmanifestado todo es ilusorio por inpermanente. Empleo la palabra realidad en su acepción vulgar y corriente, para dar a entender que los objetos y habitantes del mundo astral son reales en el mismo concepto en que lo son nuestros cuerpos, nuestros muebles, nuestras casas y monumentos. Los objetos y habitantes del mundo astral no durarán eternamente en tal estado como no duran eternamente los objetos en el mundo físico; pero sin embargo, desde nuestro punto de vista son realidades mientras duran, de las que no podemos prescindir aunque la mayoría de la humanidad esté todavía inconsciente o vagamente consciente de su existencia.

Nadie puede tener claro concepto de las enseñanzas teosóficas mientras no se de cuenta de que en nuestro sistema solar hay planos perfectamente definidos, cada uno de ellos con su peculiar materia de diferente grado de densidad, y que algunos de estos planos pueden visitarlos y observarlos personas con aptitudes para ello, exactamente lo mismo que es posible visitar y observar un país extraño; y que de la comparación de las observaciones de quienes están de continuo actuando en dichos planos, puede obtenerse la prueba de su existencia y naturaleza, tan satisfactoriamente al menos como la que la mayoría de las gentes tienen de la existencia de Groenlandia o de Spitzberg.

Los nombres dados a estos planos considerados en orden de materialidad desde el más denso al más sutil, son: físico, astral, mental, búdico, nirvánico, monádico y ádico. Estos dos últimos están todavía tan lejos de nuestra capacidad conceptiva, que de momento podemos prescindir de ellos. Conviene advertir que la materia de cada uno de estos planos o mundos difiere de la del inmediato inferior en análogo modo, aunque de muchísimo mayor grado, de cómo los gases difieren de los sólidos. En efecto, los estados de materia a que llamamos sólido, líquido o gaseoso son meramente las tres subdivisiones inferiores de la materia física.

La región astral que intento describir es el segundo de los siete grandes planos de nuestro sistema solar, contando desde el mundo o plano físico con el que todos estamos familiarizados. Se le suele llamar el reino de la ilusión, no porque sea de por sí más ilusorio que el mundo físico, sino a causa de la extrema inseguridad de las impresiones que en él recibe el inexperto visitante. Dos capitales características se han de considerar en el mundo astral:
1ª Que muchos de sus habitantes tienen la maravillosa propiedad de mudar de forma con proteica rapidez y de fascinar a los que escogen para divertirse con ellos.
2ª Que la visión en el mundo astral es muy diferente y mucho más amplia que la visión física.

En el plano astral se ven los objetos de todos lados a la vez, y el interior de un sólido es tan visible como la superficie. Así no es extraño que un visitante inexperto tropiece con dificultades para comprender lo que realmente ve, y que se le agrave la dificultad al expresar su visión en el inadecuado lenguaje de los idiomas corrientes.

De diversas maneras puede percibirse el primer contacto con el plano astral. Algunos sólo una vez en toda su vida, por influjo de una extraordinaria circunstancia llegan a ser lo suficientemente sensitivos para reconocer la presencia de un habitante del mundo astral; y si no se repite la experiencia, quizás con el tiempo se figuren haber sido en aquella ocasión víctimas de alucinaciones. Otros ven y oyen con creciente frecuencia algo para lo que los de su alrededor están ciegos y sordos. La más común experiencia consiste en ir recordando cada vez más claramente lo que vieron y oyeron en otro plano durante el sueño.
Entre quienes ya han estudiado estos asuntos, los hay que tratan de actualizar la vista astral por medio de la esfera cristalina u otros artificios; pero quienes gocen de la inestimable ventaja de la guía directa de un idóneo instructor, probablemente pasará por vez primera al plano astral bajo su protección y se la continuará otorgando hasta que por la aplicación de varias pruebas se convenza de que su alumno ya está abroquelado contra todo posible peligro o terror que le amenace.

Tan copiosa y múltiple es la vida del plano astral, que al principio aturde por completo al neófito, y aun para los más expertos investigadores no es fácil tarea el intento de clasificarla y catalogarla. Si al explorador de alguna desconocida selva tropical se le demandara no sólo la descripción del terreno explorado con exactos pormenores de su fauna, flora y gea, sino además la de los géneros y especies de cada una de las miríadas de insectos, reptiles, aves y mamíferos que vio, seguramente que le asombraría la magnitud de la empresa. Sin embargo, no tiene este ejemplo comparación posible con los apuros del investigador psíquico cuya tarea es todavía muchísimo más complicada, tanto por la dificultad de transferir exactamente del plano astral al físico el recuerdo de lo que percibió, como por la insuficiencia de los idiomas humanos para expresar mucho de lo que ha de transferir.

Sin embargo, así como el explorador en el plano físico, comenzaría probablemente su relato por la descripción general del escenario y características del país explorado, así también convendrá comenzar este ligero bosquejo del plano astral con el propósito de dar alguna idea del escenario de sus maravillosas y siempre cambiantes actividades. Pero aun en el comienzo, la extrema complejidad del asunto nos opone una casi insuperable dificultad. Todos cuantos tienen plena visión en el plano astral están acordes en afirmar que el intento de representar una vívida descripción del escenario astral ante quienes no abrieron todavía los ojos, es como hablarle a un ciego de la exquisita variedad de tonos y matices de una puesta de sol. Por muy detallada y minuciosa que fuese la descripción, no habría certeza de que la idea forjada en la mente del ciego oidor del relato fuese adecuada representación de la verdad.



EL ESCENARIO


Ante todo se ha de entender que el plano astral está dividido en siete subplanos, cada uno de ellos con su correspondiente grado de materialidad y su peculiar condición de materia. Aunque la insuficiencia del lenguaje físico nos obligue a considerar estos subplanos en escala de inferior a superior o de superior a inferior, no hemos de incurrir en el error de creer que son separados lugares en el espacio 3 o están unos encima de otros como los estantes de una librería o las capas de una cebolla. Se ha de entender que la materia de cada plano o subplano interpenetra la materia del plano o subplano inmediatamente inferior en densidad, de suerte que aquí mismo, en la superficie de la tierra están entreverados todos los planos, aunque las sutiles modalidades de materia se extienden tanto más allá del mundo físico, cuanto mayor es su sutileza.

Así, cuando decimos que un hombre pasa de un plano o subplano a otro de menor densidad no significamos con ello que se mueva en el espacio para subir o ascender, sino que transfiere su conciencia de uno a otro nivel, de suerte que poco a poco llega a ser irrespondible a las vibraciones de la materia de mayor densidad y comienza a responder a las vibraciones de materia menos densa y más fina; y así desaparece lentamente de su vista el escenario de un mundo con sus habitantes, y en su lugar aparece otro mundo de superior carácter.

Si enumeramos los subplanos astrales comenzando por el menos denso, encontramos que se redividen en tres clases: los subplanos 1º, 2º y 3º forman la primera clase; los 4º, 5º y 6º, la segunda; y la tercera el séptimo e inferior subplano, que permanece aislado. La diferente densidad de la materia astral de los subplanos de la primera clase en comparación con la de la segunda, es como la que existe entre un líquido y un sólido de materia física, mientras que la diferencia entre la materia de los tres subplanos de la clase primera sería como la que hay entre líquidos de menor a mayor densidad; y la diferencia entre la materia de cada uno de los tres subplanos de la segunda clase, sería como la que hay entre sólidos de menor a mayor densidad, por ejemplo, corcho, avena y acero. Prescindiendo, por el momento, del séptimo subplano, diremos que los 6º, 5º y 4º tienen por trasfondo el mundo físico con todos sus conocidos accesorios. La vida en el sexto subplano es la misma que la ordinaria vida terrestre, menos el cuerpo físico y sus necesidades; pero al transferirse a los 5º y 4º subplanos es cada vez menos material y se retrae más y más del mundo terreno y de sus intereses. El escenario de estos subplanos es el mismo y mucho más que el de la tierra, porque cuando desde ellos observamos por medio de los sentidos astrales, hasta los objetos puramente físicos presentan muy diferente aspecto, y los percibe quien tiene los ojos completamente abiertos, no como de ordinario desde un solo punto de vista, sino por todos lados a la vez, según quedó dicho en la Introducción, aunque la idea es bastante confusa; y si añadimos que las partículas del interior de un sólido son tan claramente visibles como las de la superficie, comprenderemos que en tales condiciones, aun los objetos más familiares pueden parecer al principio totalmente desconocidos.




HABITANTES HUMANOS DEL PLANO ASTRAL


Los habitantes humanos del mundo astral se dividen en dos secciones: los encarnados que todavía tienen cuerpo físico y los desencarnados o que ya no tienen cuerpo físico. También podemos considerarlos respectivamente vivientes y muertos en el mundo físico. Los primeros son los que durante la vida física pueden manifestarse en el plano astral, esto es, que son capaces de permanecer en uno y otro mundo. Se subdividen en cuatro clases, a saber: los adeptos y sus discípulos; el individuo psíquicamente desarrollado, pero no sujeto a la guía de un adepto; el individuo vulgar, y el mago negro y sus discípulos.


1ª Clase. EL ADEPTO Y SUS DISCIPULOS.- Las entidades pertenecientes a esta clase no emplean como vehículo el cuerpo astral, sino el mental constituido con materia de los cuatro subplanos inferiores del plano mental. Tiene este vehículo la ventaja de permitir el instantáneo traslado del plano mental al astral y del astral al mental, y está adecuado al uso en todo tiempo de los potentes y agudos sentidos mentales.

Como quiera que la vista no percibe el cuerpo mental, el discípulo que actúa en el plano astral ha de aprender a revestirse de un velo de materia de este plano, a fin de hacerse visible a las entidades astrales y poderlas auxiliar más eficazmente. El Maestro forma este velo transitorio la primera vez que ha de usarlo el discípulo, y le enseña la manera de formarlo hasta que sabe formarlo pronta y desembarazadamente. Dicho velo, aunque reproduce con toda exactitud el aspecto externo de la configuración personal humana, no contiene nada de materia del cuerpo astral propio de la entidad, sino que es análogo a la materialización de una entidad astral en cuerpo físico.

En las primeras etapas de su desenvolvimiento, puede el discípulo actuar en el cuerpo astral; pero cuando un individuo penetra en el plano astral guiado por un competente instructor, con cualquiera de los dos vehículos tiene allí plena conciencia y es capaz de funcionar perfecta y fácilmente en todos los subplanos. Es el mismo individuo, tal como sus parientes y amigos le conocieron en la tierra, excepto los principios inferiores al del vehículo que use, pero con los adicionales poderes y facultades propios de su alta condición, que le capacitan para efectuar más fácil y eficazmente durante el sueño del cuerpo físico la obra teosófica que embarga su mente en las horas de conciencia vigílica.
El recuerdo completo y exacto en el mundo físico, de cuanto hizo y aprendió en el plano astral, dependerá de su habilidad para transferir sin intermisión su conciencia de uno a otro mundo.

El investigador encontrará eventualmente en el plano astral, estudiantes de ocultismo de todas las partes del mundo, pertenecientes a logias o asociaciones que nada tienen que ver con los Maestros conocidos de los teósofos, y sin embargo son muchos de ellos ardorosos y abnegados investigadores de la verdad. No obstante, dichas logias o asociaciones conocen al menos la existencia de la Gran Fraternidad Blanca y saben que de ella forman parte los mayores adeptos conocidos hoy en la tierra.


2ª Clase. EL PSIQUICAMENTE DESARROLLADO QUE NO ESTA BAJO LA GUIA DE UN MAESTRO.- El individuo puede o no estar desarrollado espiritualmente, porque el desenvolvimiento psíquico no va necesariamente unido al progreso espiritual. Las facultades psíquicas con que nacen algunos individuos son el resultado de esfuerzos realizados en una encarnación anterior, que pudieron ser de carácter nobilísimo y sumamente inegoísta, o por el contrario, torpes y mal dirigidos y aún completamente indignos.

Por lo tanto, podrá el psíquico ser perfectamente consciente al actuar fuera del cuerpo físico, pero por falta de adiestramiento se expone a tremendos engaños respecto a lo que percibe. Será capaz de actuar en todos los subplanos del astral, aunque generalmente se ve atraído a un subplano y rara vez transpone el límite de su influencia. El recuerdo de lo que ha percibido puede variar, según el grado de desenvolvimiento, por todas las etapas comprendidas entre la perfecta exactitud hasta la completa tergiversación o el completo olvido. Siempre se manifiestan los individuos de esta clase en el cuerpo astral, puesto que no saben actuar en el cuerpo mental.


3ª Clase. EL INDIVIDUO VULGAR.- Carece de facultades psíquicas y flota vagamente en su cuerpo astral durante el sueño del físico en más o menos inconsciente condición. Durante el sueño profundo, el Ego con el cuerpo astral se retira del físico y permanece en su contigüidad, pero si el individuo está muy poco desarrollado psíquicamente, queda tan inactivo como el cuerpo físico. Sin embargo, en algunos casos, el cuerpo astral flota como en sueños a impulso de las corrientes astrales y eventualmente reconoce a otros Egos en la misma condición, y tiene experiencias agradables o desagradables, cuyo recuerdo irremediablemente confuso y a menudo transmutado en grotesca caricatura de lo realmente ocurrido, es causa de que al despertar el individuo crea que tuvo un sueño muy extraño.
Todas las personas cultas de los países civilizados del mundo terrestre tienen hoy día bastante aguzado los sentidos astrales, de suerte que si se resolvieran a examinar las realidades que les rodean durante el sueño del cuerpo físico, serían capaces de observarlas y aprender mucho de ellas. Pero en la mayoría de los casos no tienen tal determinación y emplean la mayor parte de las noches en una especie de estéril estudio, meditando profundamente sobre cualquier pensamiento predominante en su mente cuando se quedaron dormidos. Poseen facultades astrales, pero apenas las usan, es decir, que están despiertos en el plano astral y, sin embargo, no se dan cuenta de que están allí, de suerte que sólo tienen una vaga percepción de lo que les rodea.




4ª Clase. EL MAGO NEGRO Y SUS DISCIPULOS.- Esta clase se corresponde con la primera como lo negativo se corresponde con lo positivo y las tinieblas con la luz, pues el grado de desenvolvimiento es el mismo, pero con opuesta aplicación. El adepto o mago blanco aplica sus fuerzas al bien, mientras que el mago negro las aplica al mal, esto es, que las usa egoístamente en provecho propio en vez de emplearlas en beneficio de la humanidad.
Entre las diferentes categorías de magos negros figuran los miembros de la secta llamada Obeah o Vudu, cuyos horribles ritos practican algunos pueblos de raza negra. También son magos negros los curanderos o hechiceros de muchas tribus salvajes. Pero los magos negros de primera categoría, por su poderoso intelecto y en consecuencia más culpables, son los dugpas del Tibet, o sea los pertenecientes a la subdivisión butanesa de la secta kargyu del budismo tibetano, según ha demostrado Waddell en su obra: El Budismo en Tibet. Ciertamente practican los dugpas la magia tántrica; pero todavía los superan los de la secta ninmapa o del casquete rojo, y aún son más abyectos los de la secta bonpa o secuaces de la religión aborigen, que nunca han querido aceptar ninguna modalidad de budismo. La secta de los gelugpa es contumazmente maligna. Las demás no son necesariamente malas, sino más bien grises, porque hay en ellas mayor relajación en la negrura de las prácticas, aunque también más individuos egoístas que entre los rigurosos reformadores del budismo.




HABITANTES HUMANOS MUERTOS

Ante todo conviene advertir que el calificativo de muertos dado vulgarmente a los seres humanos no vivientes ya en el mundo físico es en rigor absurdo, pues el ser humano siempre está vivo en uno o en otro mundo, y a menudo están mucho más vivos que nosotros los que llamamos muertos. Por lo tanto, este calificativo debe entenderse aplicado a los seres humanos que temporalmente carecen de cuerpo físico. Se subdividen en las nueve clases siguientes:


1ª Clase. LOS NIRMÂNAKÂYAS.- Esta clase es excepcional y sólo se menciona para completar la serie, porque es muy raro que tan excelsos seres se manifiesten en un mundo para ellos tan inferior como el astral. Cuando por alguna razón relacionada con su sublime obra, les conviene manifestarse en el plano astral, se elaboran previamente un cuerpo astral con la materia atómica del plano, así como el adepto en cuerpo mental se elabora un cuerpo astral, porque el suyo sería invisible en el mundo astral. Para ser capaces de actuar sin un momento de vacilación en cualquier plano, retiene el nirmânakâya un átomo de la materia de cada plano, que le sirve de núcleo en cuyo torno se agrupa la materia del respectivo plano cuando se han de elaborar con ella el cuerpo necesario para manifestarse en dicho plano.


2ª Clase. LOS DISCIPULOS EN ESPERA DE REENCARNACION.- Se ha expuesto en varios tratados teosóficos que cuando un discípulo llega a cierto grado de perfeccionamiento es capaz, con el auxilio de su Maestro, de eludir la acción de la ley natural que ordinariamente obliga a los desencarnados a obtener en el mundo celeste el resultado de la plena actualización de las fuerzas espirituales que con sus altas aspiraciones movilizaron durante su vida terrena.
Como quiera que el discípulo ha de ser un hombre de pura conducta y altos pensamientos, lo más probable es que sus fuerzas espirituales sean de extraordinaria intensidad, y si fuese al mundo celeste o devachán, su permanencia allí sería sumamente larga, por lo que se prefiere seguir el Sendero de Renunciación, imitando, aunque de humilde manera, el ejemplo del Insigne Maestro de la Renunciación, Gautama el Buda, de suerte que emplea toda aquella almacenada energía espiritual en beneficio de la humanidad; y así, por infinitesimal que su ofrenda sea, participa modestamente en la gran obra de los nirmânakâyas. Al proceder de esta manera no cabe duda de que renuncia a siglos de intensa felicidad; pero, en cambio, tiene la inmensa ventaja de continuar sin interrupción su vida de progresiva actividad.


3ª Clase. EL HOMBRE ORDINARIO DESPUES DE LA MUERTE.- Desde luego que esta clase es millones de veces más numerosa que las ya citadas, y el carácter y condición de sus individuos varían entre límites enormemente distantes; y por lo tanto, también varía la duración de su vida astral, pues mientras algunos sólo permanecen allí unos cuantos días, y algunos tan sólo horas, otros están muchos años y aún siglos. Quien durante la vida terrena haya seguido una buena y pura conducta y cuyos más vivos sentimientos y aspiraciones hayan sido espirituales e inegoístas, no se aficionará al plano astral ni hallará en él gran cosa que le sirva ni que pueda ponerle en actividad durante el relativamente corto período de su estancia. Porque se ha de entender que después de la muerte del cuerpo físico, el Ego se retrae en sí mismo, y debe en cuanto le sea posible desechar también el cuerpo astral y pasar al mundo celeste, donde fructifiquen sus espirituales aspiraciones.

El hombre de noble conducta y puros pensamientos será capaz de hacerlo así porque subyugó durante la vida terrena las pasiones morbosas, dirigió su voluntad por superiores canales y le queda poca energía de siniestros deseos que haya de consumirse en el plano astral. Por tanto, su actuación allí será muy corta y lo más probable es que tenga una confusa conciencia hasta que caiga en el estado de sueño durante el cual el Ego se libre del cuerpo astral y entre en la beatífica vida del mundo celeste.

Para quien no ha entrado todavía en el Sendero de oculto desenvolvimiento, es un ideal cuanto acabamos de describir, pero no todos ni siquiera la mayoría llegan a realizar este ideal, pues la generalidad de las gentes no se libran de sus malos deseos antes de la muerte, y necesitan un largo período de más o menos plena conciencia en los subplanos del astral para que se extingan las fuerzas siniestras que engendró.


4ª Clase. LA SOMBRA.- Cuando el Ego con sus principios superiores se separa definitivamente del cuerpo astral, termina la vida astral y pasa al mundo o condición devachánica. Así como en la muerte física se desprende el Ego del cuerpo físico, así en la muerte astral desecha el cuerpo astral, que también se desintegra como se desintegró el físico. Si el Ego se purificó completamente de todo deseo mundano y de toda pasión siniestra durante la vida terrena, y dirigió sus energías por la línea de la inegoísta aspiración espiritual, quedará revestido del cuerpo mental como externa envoltura, y el desechado cuerpo astral será un cadáver como un tiempo lo fue el desechado cuerpo físico.
Aun en el caso de un individuo que no haya sido tan virtuoso durante la vida física, se logrará casi el mismo resultado si las fuerzas de los siniestros deseos y pasiones se agotan durante la vida astral. Pero la inmensa mayoría de los humanos hacen tan sólo débiles y fríos esfuerzos durante la vida terrena para reprimir y rechazar los nocivos impulsos de su naturaleza inferior, y en consecuencia se condenan a una más prolongada estancia en el plano astral y también a la pérdida de una porción de su mente inferior.
Desde luego que esta frase es un método material de expresar el reflejo de la mente superior en la inferior; pero se tendrá más clara idea de lo que efectivamente sucede si adoptamos la hipótesis de que la mente envía una parte de sí misma a la personalidad de cada encarnación, y espera reintegrarla al fin de la vida terrena, enriquecida con todas sus variadas experiencias. Pero la mayoría de las gentes se esclavizan tan lastimosamente a sus bajos deseos, que una porción de su mente inferior se entreteje tan íntimamente con el cuerpo astral, que con él se separa del Ego. Por lo tanto, en este caso el desechado cuerpo no sólo constará de materia astral, sino también de las partículas de materia mental con ella entretejidas y que por decirlo así quedaron arrancadas de la mente inferior. La proporción de materia astral y materia mental inferior contenidas en el desechado cuerpo depende del grado en que la mente inferior se ha entretejido con las pasiones siniestras y bajos deseos. La combinación de ambas clases de materia es tan fuerte, que al pasar el desechado cuerpo por los subplanos del astral no puede separarse la parte mental. Así se pone en existencia una temporánea entidad llamada "La Sombra", que no es en modo alguno el Ego o verdadero ser humano, que pasó al mundo celeste; pero que, no obstante, ofrece la misma apariencia de la personalidad que tuvo en la tierra, y conserva su memoria y sus extremas características hasta el punto de que se puede confundir con la entidad real como en efecto suele confundirse en las sesiones espiritistas.


5º Clase. EL CASCARON.- Es el cadáver astral en el último grado de desintegración, cuando ya no le queda ninguna partícula de materia mental. Carece por completo de inteligencia, porque le faltan las vibraciones de la materia mental y las corrientes astrales lo arrastran como nube empujada por el viento; pero si llega a ponerse en contacto con el aura de un médium, puede quedar momentáneamente galvanizado en una lívida carátula de vida, con los mismos rasgos fisonómicos de la persona a que perteneció y aun puede reproducir las expresiones familiares o muletillas y el carácter de letra de la persona desencarnada, por la automática acción vibratoria de sus partículas materiales que tienden a reproducir la modalidad de acción a que estuvieron habituadas, y si acaso denota el cascarón algo de inteligencia, no es la de la verdadera entidad, sino la tomada sintónicamente del médium o del guía, según las circunstancias.

Sin embargo, el cascarón queda más frecuentemente vitalizado por el medio descrito al tratar de la sexta clase, y también tiene la propiedad de responder automáticamente a las vibraciones groseras a que estuvo acostumbrado en su existencia como sombra; y por tanto, los individuos en quienes predominen los siniestros deseos y morbosas pasiones estarán expuestos, si asisten a las sesiones espiritistas, a que se intensifiquen por la maligna influencia del cascarón, pues cada cosa atrae a su semejante.


6º Clase. EL CASCARON VITALIZADO.- No debiera considerarse como humana esta ficticia entidad, pues sólo es el despojo insensible y pasivo del cuerpo astral de una entidad humana, aunque está vitalizado por el artificial elemental que lo anima, como creación de los malos pensamientos del hombre 14. Trataremos de él más detenidamente al estudiar las entidades ficticias. Entre tanto sólo diremos que es a manera de un demonio tentador, de una maligna entidad cuya maligna influencia sólo está limitada por el alcance de su poder, y como la sombra, sirve de instrumento a las más abyectas modalidades de magia negra. Algunos tratadistas han dado a los cascarones astrales vitalizados la denominación de "elementarios", pero como se han llamado también así varias otras entidades ficticias del plano astral, resulta un nombre muy ambiguo y vale más evitarlo.


7º Clase. SUICIDAS Y VICTIMAS DE ACCIDENTES.- Tácitamente se comprende que un individuo arrebatado de súbito a la vida física por suicidio o accidente en plena salud y vigor 15 se hallará en el plano astral en condiciones muy distintas de las en que se encuentran los que mueren de vejez o enfermedad. Cuando el individuo en estos últimos años tiene sobrado tiempo de prepararse a bien morir, seguramente se le debilitan los deseos por las cosas de la tierra, y al morir se habrían eliminado ya las partículas groseras de su cuerpo astral, de modo que se encontrará en el sexto o el quinto subplano o acaso en el cuarto, porque el reordenamiento ha sido gradual y sin bruscos choques.

Pero en el caso de muerte repentina por accidente o suicidio fulminante, el individuo no ha tenido tiempo de predisponerse a la muerte, y la violenta separación del Ego del cuerpo físico se ha comparado acertadamente al brusco arranque del hueso de una fruta verde. El cuerpo astral contiene todavía muchas partículas groseras, y en consecuencia el individuo desencarnado se encuentra al morir en el séptimo subplano del astral. Sin embargo, los que mueren de accidentes y han observado durante toda su vida recta y noble conducta, no tienen tendencia al séptimo subplano, y por lo tanto pasan el tiempo que han de permanecer allí, según dice una primitiva carta sobre el asunto, "en feliz ignorancia y completo olvido, o en un estado de tranquila somnolencia henchida de rosados ensueños".


+8º Clase. VAMPIROS Y LOBOS.- Aunque estas dos entidades difieren notablemente en varios aspectos, las clasificamos juntas, porque tienen en común cualidades de indecible horror y sumamente raras, como repugnantes anacronismos y espantosas reliquias de las razas primitivas, cuando el hombre y su ambiente no eran lo que son ahora.

Los individuos de la quinta raza raíz hemos ya trascendido por evolución la posibilidad de merecer tan espantoso destino como el representado por los vampiros y lobos; y así es que cuanto se refiere a ambas entidades se considera hoy vulgarmente como fábulas y leyendas medievales; pero aun hoy se conocen casos aislados, sobre todo en los países que como Rusia y Hungría conservan sangre de la cuarta raza raíz. Desde luego que las populares leyendas acerca de estas dos entidades son muy exageradas, pero no deja de haber un fondo de verdad en las consejas y cuentos que pasan de boca en boca entre los campesinos de la Europa central. Las generales características de semejantes cuentos son demasiado conocidas para que necesiten algo más que una pasajera referencia, y ejemplo típico de ellos es la Carmilla de Sheridan. En la obra de Blavatsky “Isis sin velo” se encuentra una descripción de los vampiros.

Los lectores de las obras teosóficas se darán cuenta de la posibilidad de que un hombre haya sido en vida tan abyecto y degradado, tan brutalmente egoísta, que su cuerpo mental inferior esté empapado de sus pasionales deseos y se separe del Ego. Algunos ocultistas suponen que este caso es más frecuente de los que parece y que se encuentran numerosas de estas formas desalmadas; pero afortunadamente no es cierta tal suposición. Para llegar al grado de abyección correspondiente al profundo hundimiento de la maldad que acarrea la pérdida de la personalidad y la debilitación de la evolucionante individualidad, sería necesario que el hombre sofocara todo vislumbre de inegoísmo o de espiritualidad sin el más mínimo punto de contrición redentora; y cuando advertimos que aun en los individuos más viles hallamos algo no enteramente malo, hemos de convenir en que están en exigua minoría las personalidades abandonadas por el Ego. Sin embargo, aunque pocas, las hay, y de ellas provienen los cada vez más raros vampiros.

La abandonada personalidad, incapaz de permanecer en el plano astral, se verá irresistiblemente arrastrada en plena conciencia a "su propio lugar", a la misteriosa octava esfera, donde se desintegra después de pasar por experiencias que vale más no describir. Pero si el hombre murió por suicidio y sabe algo de magia negra, puede en determinada circunstancia eludir tan horrible destino por la lívida existencia del vampiro. Como quiera que no puede ir a la octava esfera hasta la desintegración del cuerpo físico, lo mantiene en una especie de catalepsia por el horrible medio de transfundirle la sangre substraída de otros seres humanos por medio de su semimaterializado cuerpo astral, y así demora su final destino mediante la perpetración de numerosos asesinatos. Contra ello hay el remedio de exhumar y quemar el cadáver para privar al vampiro de su punto de apoyo. Al abrir la sepultura, el cadáver suele aparecer todavía incorrupto, como si estuviese fresco y lozano, y el ataúd está en muchos casos lleno de sangre. En los países donde prevalece la costumbre de incineración del cadáver en el horno crematorio es imposible esta especie de vampirismo.

El lobo, aunque igualmente horrible que el vampiro, resulta de un karma algo diferente, y en rigor debiera incluirse entre los habitantes vivientes en el mundo físico que visitan el plano astral, pues siempre se manifiesta por vez primera el lobo durante la vida física del hombre, y supone invariablemente el conocimiento de la magia negra para ser capaz de proyectar el cuerpo astral.


9º Clase. EL MAGO NEGRO Y SUS DISCIPULOS.- Esta entidad corresponde al extremo opuesto de la escala en que se halla el discípulo en espera de reencarnación; pero en el caso del mago negro, en vez de recabar licencia para emplear un método extraordinario de progreso, desafía el natural proceso de la evolución, manteniéndose en la vida astral por medios de la más horrible índole.

Fácil sería establecer varias subdivisiones de esta clase según su objeto, sus métodos y la posible duración de su existencia en el mundo astral; pero como no son agradables temas de estudio y todo cuanto le conviene saber al estudiante es la manera de evitar el encuentro de estas entidades, será más interesante pasar al examen de otra parte de nuestro estudio. Baste saber que toda entidad humana que se esfuerce en prolongar su vida astral más allá de sus naturales límites ha de hacerlo a costa de la vitalidad substraída a otros seres humanos.




HABITANTES NO HUMANOS


Aunque es evidente aun a la más somera observación que muchas de las naturales disposiciones de la tierra que más cercanamente nos afectan, no están destinadas a nuestra comodidad ni a nuestro provecho, era inevitable que la humanidad en su infancia creyera que el mundo físico y cuanto contiene existía únicamente para su propio uso y beneficio; pero con seguridad que ya debíamos haber desechado tan infantil ilusión y estar convencidos de cuál es nuestra verdadera posición y los deberes a ella correspondientes.

Sin embargo, la mayoría de la humanidad persiste en el engaño, como lo demuestran las gentes multitud de veces en su vida diaria, sobre todo por la fría crueldad con que muchos que se jactan de civilizados y cultos tratan al reino animal, bajo la excusa de deporte.

Desde luego que aun el más novicio en el estudio de la santa ciencia oculta sabe que toda vida es sagrada y que sin compasión universal no cabe positivo progreso; pero al adelantar en el estudio descubre cuán múltiple es la evolución, y cuán pequeña relativamente la parte que desempeña la humanidad en la economía de la naturaleza. Entonces advierte el estudiante que así como la tierra, el aire y el agua mantienen miríadas de forma de vida que invisibles a simple vista nos las muestra el microscopio, así también el mundo astral en sus diversos subplanos está poblado densamente por numerosos habitantes de cuya existencia estamos de ordinario completamente inconscientes.
Según adelanta el estudiante en conocimiento, acrecienta la certeza de que de un modo u otro se aprovechan rigurosamente todas las posibilidades de evolución; y que cuando parezca que en la naturaleza se desperdicia una fuerza o se pierde una oportunidad, no falla por ello el plan del universo, sino que nuestra ignorancia no acierta a ver el método y la intención de la naturaleza.

Para la consideración de los habitantes no humanos del plano astral conviene prescindir de aquellas primitivas formas de la vida universal que están evolucionando de una manera apenas comprensible para nosotros mediante la sucesiva agrupación de átomos, moléculas y células, pues si hubiésemos de comenzar por los reinos elementales, habríamos de incluir en el orden de habitantes no humanos del mundo astral un enorme número que sólo podría estudiarse someramente, so pena de dar a este libro las proporciones de una enciclopedia.
El más conveniente medio de ordenar los habitantes no humanos del mundo astral es dividirlos en cuatro clases, advirtiendo que cada una de estas clases no es una menor subdivisión, sino que abarca generalmente un reino de la naturaleza tan vasto como el vegetal o el animal. Algunas de estas clases son inferiores al hombre, otras lo igualan y también las hay que lo superan en bondad y poder. Varias de ellas pertenecen a nuestra línea de evolución; es decir, que han sido o serán hombres. Otras evolucionan según su propia y peculiar línea.

Antes de proceder al estudio de estas cuatro clases, conviene advertir que hemos prescindido de dos órdenes de entidades. No hablaremos de la ocasional manifestación de altísimos Adeptos procedentes de otros planetas de nuestro sistema solar ni de los todavía más excelsos Visitantes provenientes de lejanísimas distancias, porque estos temas no son propios de un tratado destinado a pública lectura, sin contar con que es prácticamente inconcebible aunque teóricamente posible que tan altísimas Entidades necesiten manifestarse en la bajeza del mundo astral. Si por alguna razón quisieran manifestarse en él, se elaborarían un temporáneo cuerpo de la materia del plano astral terrestre, como hemos visto en el caso de los nirmânakâyas.

Por otra parte, también prescindiremos de otras dos grandes evoluciones no humanas que actualmente comparten con la humanidad el uso del planeta terrestre, y sobre las cuales está prohibido dar referencias, porque por ahora ni las entidades de esas dos grandes evoluciones han de conocer la existencia del hombre ni tampoco el hombre ha de conocer cuáles son. Si acaso nos ponemos en inconsciente contacto con ellas ha de ser en el plano físico, pues su estancia en el astral es muy fugaz y depende de un rarísimo accidente en un acto de magia ceremonial que afortunadamente sólo saben practicar los hechiceros de elevadísima categoría. Sin embargo, dicho accidente ha ocurrido al menos una vez y puede repetirse, de modo que si no fuese por la prohibición mencionada habríamos de incluir a dichas dos evoluciones en nuestra clasificación.


1ª Clase. LA ESENCIA ELEMENTAL PERTENECIENTE A NUESTRA EVOLUCION. - Así como el nombre de "elementarios" se ha dado inconsiderablemente por varios autores a toda clase de posibles condiciones del hombre después de la muerte física, así también se ha dado con la misma ligereza el nombre de "elemental" a todo espíritu no humano, desde el deva de más divinos atributos, pasando por los espíritus de la naturaleza, hasta llegar a la amorfa esencia constituyente de los reinos inferiores al mineral. De aquí resulta que después de leer el estudiante varios tratados queda confuso y perplejo ante las contradicciones que advierte entre los autores. Para el estudio de nuestro tema se ha de entender que la esencia elemental es un nombre aplicado durante ciertas etapas de su evolución a la esencia monádica que a su vez puede definirse diciendo que es la efusión de la energía divina en la materia.

Estamos familiarizados con la idea de que antes de llegar esta energía divina a la etapa de individualización que animó al hombre, había ya animado sucesivamente seis fases de evolución que fueron los tres reinos elementales, el mineral, el vegetal y el animal. A la esencia monádica se la llama esencia elemental cuando pasa por los tres reinos inferiores al mineral, y algunos tratadistas la han designado al pasar por los tres reinos superiores a los elementales con los respectivos nombres de mónada mineral, mónada vegetal y mónada animal; pero estas denominaciones son también deficientes, porque antes de llegar al reino mineral ya la energía divina ha constituido no una, sino muchas mónadas. Pero la palabra mónada se adoptó para dar a entender que aun cuando ya se había diferenciado la esencia monádica no había llegado aún a la etapa de individualización.
Repetimos que a la esencia monádica se la llama esencia elemental mientras pasa por los tres reinos inferiores al mineral, llamados por lo mismo elementales; mas para comprender su naturaleza y modo de manifestación es necesario saber cómo el espíritu desciende y se infunde en la materia.


2ª Clase. EL CUERPO ASTRAL DE LOS ANIMALES.- Es una clase extremadamente numerosa, que, sin embargo, no ocupa muy importante posición en el plano astral, porque sus miembros permanecen allí muy corto tiempo. La inmensa mayoría de los animales no han logrado aún permanente individualización, y cuando uno de ellos muere, la esencia monádica por su medio manifestada revierte al particular depósito de donde provino, llevando consigo las experiencias adquiridas durante la vida física. Pero esta reversión no se efectúa inmediatamente, sino que el cuerpo astral del animal se reordena lo mismo que en el caso del hombre, y el animal tiene en el plano astral positiva existencia cuya duración, aunque no muy larga, varía según el grado de inteligencia que haya desenvuelto. En la mayor parte de los casos está el animal en conciencia soñolienta, pero parece completamente feliz.


Los pocos animales domésticos que ya han alcanzado individualidad, y por tanto ya no renacen como animales en el mundo terrestre, tienen mucho más larga y consciente vida en el plano astral, y al fin de ella caen gradualmente en una subjetiva condición, que dura muy considerable período.
Una interesante subdivisión de la clase que estamos considerando es la de los cuerpos astrales de los monos antropoides mencionados en La Doctrina Secreta, que ya están individualizados y dispuestos a reencarnar en forma humana en la próxima ronda o quizás más pronto algunos de ellos.


3ª Clase. ESPIRITUS DE LA NATURALEZA.- Tantas y tan variadas son las subdivisiones de esta clase, que merecerían en justicia un tratado especial. Sin embargo, daremos alguna idea de ellos, pues todos tienen características comunes.
Ante todo se ha de entender que tratamos de entidades radicalmente diferentes de todas cuantas hasta ahora hemos considerado. Aunque en rigor podamos decir que no son humanas la esencia elemental y el cuerpo astral de los animales, la esencia monádica que por medio de ellos se manifiesta, llegará en el transcurso del tiempo al nivel de manifestarse en una futura humanidad comparable a la nuestra; y si fuéramos capaces de retromirar nuestra propia evolución en anteriores ciclos, hallaríamos que cuanto ahora somos pasó en su ascensión por análogas etapas.

Sin embargo, no es tal el caso con el vasto reino de los espíritus de la naturaleza que no han sido ni serán nunca humanos. Su línea de evolución es de todo punto diferente, y su sola relación con nosotros es que ocupamos el mismo planeta. Por lo tanto, si por ahora somos vecinos, nos debemos mutua atención de vecindad, pero nuestras líneas de evolución son tan diversas que poco podemos hacer unos por otros.


4ª Clase. LOS DEVAS.- La superior línea de evolución relacionada con nuestro mundo físico es, según alcanza nuestro conocimiento, la de los seres llamados devas por los hinduistas, y que también en otras partes han recibido los nombres de ángeles, hijos de Dios, etc.

Se pueden considerar como un reino inmediatamente superior al humano, como el humano es inmediatamente superior al animal; pero con la importante diferencia de que mientras para el animal no hay otro camino de evolución, en cuanto se nos alcanza, que pasar por el reino humano, el hombre tiene al llegar a un alto nivel, abiertos ante sí, siete senderos, uno de los cuales es la evolución dévica.

Su comparamos este sendero con la sublime renunciación del nirmânakâya, veremos por qué en algunos tratados se dice que quienes lo eligen ceden a la "tentación de ser dioses"; pero de esta frase no se ha de inferir vituperio alguno a quienes escogen dicha línea de evolución, que no es la más corta, aunque sí muy noble, y si la desenvuelta intuición del hombre le impele a ella, seguramente que será la mejor adecuada a sus facultades. No debemos olvidar que tanto en la ascensión espiritual como en la física, no todos son capaces del esfuerzo que requiere seguir el sendero más escarpado, y hay muchos para quienes el sendero más llano es el único posible, y seríamos indignos discípulos de los grandes Instructores si consintiéramos que nuestra ignorancia emitiera el más leve pensamiento desdeñoso contra quienes no eligen el mismo sendero que nosotros.

Sin embargo, por la completa ignorancia de las dificultades del porvenir, nos es imposible en el presente estado de evolución predecir lo de qué seremos capaces cuando después de muchas vidas de pacientes esfuerzos hayamos adquirido el derecho de escoger nuestro futuro; y en verdad que aun aquellos que cedan a la "tentación de ser dioses", tienen ante sí una carrera suficientemente gloriosa, según vamos a ver. Para evitar toda mala inteligencia, conviene advertir que la frase "llegar a ser dioses" tiene en los libros otro significado de índole maligna, aunque en este sentido no podrá ser una tentación para el hombre altamente evolucionado y por consiguiente es ajeno a nuestro estudio.




HABITANTES ARTIFICIALES



Es la clase más numerosa de entidades astrales y también la más importante para el hombre, porque son seres de su propia creación y se relacionan con él por íntimos lazos kármicos, y directa e incesantemente actúan sobre él.
Es una enorme masa de entidades medio inteligentes que difieren entre sí como difieren los pensamientos humanos, y es imposible clasificarlos ni ordenarlos. La única división posible es la que distingue entre los elementales artificiales formados inconscientemente por la mayoría de la humanidad, y los formados deliberadamente por los magos, aunque podríamos relegar a una tercera división a las entidades creadas artificialmente que no son elementales.

1ª Clase. ELEMENTALES FORMADOS INCONSCIENTEMENTE.- Ya dijimos que la esencia elemental que por todos lados nos rodea es en todas sus numerosas variedades muy capaz de recibir la influencia del pensamiento humano. La acción del más leve pensamiento errabundo en la esencia elemental forma una nube de rápido movimiento y evanescente configuración según ya quedó expuesto. Ahora veremos como afectan a la esencia elemental los definidos y deliberados pensamientos y deseos del hombre.

El efecto producido es de muy sorprendente índole. El pensamiento se apodera de la esencia elemental y moldea instantáneamente con ella un ser viviente de apropiada forma, y que una vez formado ya no depende de quien lo formó, sino que tiene vida propia cuya duración es proporcional a la intensidad del pensamiento que lo formó. Lo mismo cabe decir del deseo.
Los pensamientos de la mayoría de las gentes son tan vagos e indecisos, que los elementales por ellos formados sólo duran unos cuantos minutos o a lo sumo algunas horas; pero un insistente pensamiento o un ardoroso deseo forman un elemental cuya existencia puede prolongarse durante muchos días.


2ª Clase. ELEMENTALES FORMADOS CONSCIENTEMENTE.- Puesto que tales resultados como los descritos se obtienen por la fuerza mental de hombres que desconocen completamente lo que están haciendo, fácil es de comprender que un mago conocedor del asunto y que puede ver con toda exactitud el efecto que produce su actuación, posea inmenso poder en su pensamiento. Tanto los magos blancos como los negros se valen frecuentemente en su obra de elementales ficticios cuya acción es muy extensa cuando están científicamente preparados y con hábil conocimiento dirigidos, porque quien así sepa formarlo puede relacionarse con su elemental y guiarlo hasta no importa qué distancia, de suerte que actúe como si estuviera dotado de la misma inteligencia que su dueño.
A veces los magos blancos han proporcionado definidos y muy eficientes ángeles custodios por este medio, aunque raras veces permite el karma semejante interferencia en la vida de una persona. Pero en casos como el de un Maestro o un discípulo que en el transcurso de su obra corriesen el riesgo de que los atacaran fuerzas contra las cuales no pudieran prevalecer sin auxilio, se les proporcionaron ángeles custodios que demostraron plenamente su despierta vigilancia y su formidable poder. También por medio de los más hábiles procedimientos de magia negra pueden formarse elementales ficticios que por varios medios ocasionan mucho daño; pero sucede con ellos lo mismo que dijimos acerca de los elementales ficticios formados inconscientemente, esto es, por si se lanzan contra una persona de recta conducta y puros pensamientos y emociones influencias, reaccionará el elemental con terrible violencia contra el que lo engendró, de suerte que las leyendas medievales en que aparece un mago negro destrozado por enemigos que él mismo levantó, no son fábulas insensatas, sino que tienen pavoroso fundamento.
Estos malignos elementales se emancipan a veces de la obediencia de su creador, y se convierten en demonios que vagan a la ventura, como se dijo de los elementales ficticios formados inconscientemente; pero como los que ahora consideramos son mucho más inteligentes y poderosos y es más larga su vida resultan relativamente más peligrosos. Procuran a toda costa prolongar su vida, ya alimentándose vampíricamente absorbiendo la vitalidad de seres o influyendo en ellos para que les tributen ofrendas, y entre las tribus medio salvajes logran a veces que se les reconozca como dioses patronos de un poblado o de una familia.

3ª Clase. ELEMENTALES ARTIFICIALES HUMANOS.- Vamos a considerar una clase de entidades que aunque consta de muy pocos individuos ha adquirido una importancia muy superior a su número por estar íntimamente relacionada con el moderno espiritismo. Hemos incluido estas entidades entre los habitantes artificiales del plano astral porque aunque en rigor son humanos, tan distantes se hallan del curso de la ordinaria evolución y las engendra una voluntad tan ajena a la suya, que más bien han de considerarse como entidades artificiales.

Para mejor describirlos comenzaremos por su historial, y al efecto hemos de remontarnos de nuevo a la raza atlante. Al pensar en los magos y escuelas de ocultismo de aquel señalado pueblo acude a la mente el recuerdo de las malignas prácticas a que se entregaron en los postreros días; pero no hemos de olvidar que antes de la época de degradante egoísmo, la potente civilización atlante había dado muy nobles y admirables frutos y que entre sus caudillos hubo algunos que hoy se hallan en el pináculo de la evolución humana.
Entre las logias o escuelas de estudio ocultistas preliminares de la iniciación que establecieron los adeptos de la Buena Ley o magos blancos, había una en cierta parte de América, que a la sazón era tributaria de uno de los grandes monarcas atlantes, los Divinos reyes de la Puerta de Oro; y aunque dicha logia ha pasado muchas vicisitudes y ha tenido que trasladar su sede de uno a otro país según los invadían los trastornadores elementos de una nueva civilización, todavía subsiste y practica el mismo ritual y enseña a misma lengua sagrada y oculta que emplearon sus fundadores hace muchos millares de años.
Todavía sigue siendo lo que fue desde su establecimiento, una logia o escuela de ocultistas de puros y filantrópicos propósitos que conducían muy adelante en el camino del conocimiento a los estudiantes aprovechados, y les conferían cuantas facultades psíquicas estaban a su alcance, después de rigurosas pruebas de la aptitud del candidato. Sus instructores no habían llegado al adeptado, pero aprendieron a entrar en el Sendero que a este nivel había de conducirles en vidas posteriores; y aunque dicha logia no formaba parte de la Fraternidad de los Himalayas, algunos de los miembros de ésta se relacionaron con aquélla en pasadas encarnaciones y por lo mismo se interesan vivamente por su actuación.


Termina con esta clase la descripción de los habitantes del plano astral, que con las reservas indicadas puede considerarse completamente bosquejada, pues la detallada consideración del tema requeriría toda una vida de estudio y ardua labor.