RECONOCIENDO TRABAJADORES DE LA LUZ




Ha llegado el tiempo en que debéis limpiar vuestro cuerpo de las enfermedades, toxinas, formas negativas de pensamiento y bloqueos de energía que tenéis adentro y para ello solo necesitáis definir vuestra intención para que se inicie el proceso, sintonizando con los niveles de conciencia y armonizando la totalidad del ser, desde el plano astral más elevado hast
a el plano físico.

Afortunadamente hay muchos mensajeros de la luz preparados para servir de catalizadores y que en este momento cuentan con un cuerpo físico, pero también hay muchos falsos sanadores que usurparán vuestro poder, alimentándose de vosotros como parásitos en su huésped, por ello, cuando seleccionéis a una persona para facilitar la curación, recordad que los verdaderos sanadores sois vosotros, y que es vuestra intención, la voluntad concentrada, lo que pone las cosas en movimiento. En vuestra desesperada búsqueda de la luz, tened precaución con los nuevos salvadores y Mesías modernos porque muchos de ellos, dándose cuenta de vuestra necesidad, se aprovechan en demasía de esos arquetipos, y hay muchos otros preparándose y acicalando su plumaje, porque hay mucho que ganar y el ego de quienes no han despertado no descansa jamás. Encontraréis muchos charlatanes que se han puesto el manto de la Hermandad Blanca para convencer a los incautos, son maestros de la retórica metafísica e intentarán hipnotizaros y persuadiros con pronunciamientos de realidades muy complejas y abstractas. A fin de reconocer a los genuinos trabajadores de luz, contemplad estas tres simples preguntas:

1. ¿Respaldan vuestro poder para que os curéis vosotros mismos, u os exigen que profeséis sus doctrinas y que asistáis a los oficios religiosos de sus templos?

2. ¿Estimulan vuestro descubrimiento propio y vuestra conciencia, os orientan hacia vuestro interior, o son ellos quienes señalan «el camino» y os empujan por su sendero de «iluminación»?

3. ¿Honran vuestro poder, o se lo apropian?

La verdadera curación es la capacidad simple y Amorosa de canalizar la luz. Es un don de quienes aman incondicionalmente y han elegido servir a los demás que, a su vez, se convierten en faros del corazón. La luz no se inicia con ellos, porque simplemente sirven de vehículos del Espíritu, así que, cualquiera que pretenda haceros creer lo contrario actúa motivado por la conciencia egocéntrica, no por el Amor.

Angel Luis Fernández

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