Sobre el sufrimiento, el dolor… y el resurgir a la vida...


Resiliencia: viaje hacia la recuperación...



Muchas veces nos encontramos con situaciones complicadas que nos hacen sufrir. Situaciones dolorosas e incluso terribles. Y en demasiadas ocasiones pensamos que no podremos seguir adelante, que caeremos en un agujero sin fondo del que no se nos podrá rescatar: “Esto no lo voy a superar nunca”. Es por eso que os quiero hablar de la resiliencia. Esta palabra no es nueva: la resiliencia es la capacidad de los metales de recuperar su forma tras una deformación. En sistemas tecnológicos es la capacidad de aguantar ante perturbaciones. Y nosotras también podemos ser resilientes: superar el sufrimiento y el trauma y volver a vivir.

Ser resiliente es en cierta manera ser una viajera. Una viajera sin destino físico, no ubicado en el mapa, sin pensiones ni playas, sin puestas de sol espectaculares ni cataratas impresionantes. La mujer resiliente viaja dentro de sí misma descubriendo todas las posibilidades que le ofrece la vida, va descubriendo que ella es poderosa, decide trazar y seguir su propio camino. Y todo ello desde el final del pozo, desde su más profundo dolor y aislamiento. La persona resiliente toma el viaje más maravilloso que se puede emprender.

Desde luego que este camino no es fácil. Sabemos, como Alexia, lo duras que pueden ser las cosas: el impacto, luego el dolor. Ese dolor profundo que nos lleva a sentirnos arrastradas por las circunstancias, rendidas ante el sufrimiento. Nos hace sentir que es imposible, que no puede estar pasándonos a nosotras. Esa incredulidad, estupefacción, inmovilidad. Muchos momentos de llanto, dolor, sentir ese nudo en el pecho. Pensar cada día que te levantas, sintiendo que nada es igual, que nada podrá ser mejor y notar que un “para qué” constante se instaura en tu mente. Llegas a andar como un zombie de aquí para allá, haciéndolo todo automáticamente, no te sientes capaz ni de sentir. Y crees que siempre será así, ¿cómo te vas a recuperar de eso? Créeme, puedes. Que nadie, ni siquiera tú, te diga lo contrario.

Este tipo de emociones son abrumadoras. Pero sentir sufrimiento es normal, el dolor forma parte de la vida y debemos aprender a verlo, sentirlo y aceptarlo. Siente tus emociones, no huyas de ellas, sean cuales sean. Deja que entren, deja que fluyan, no las temas y no te sientas culpable por ellas. Como no podemos enfrentarnos a aquello que no conocemos es importante que des este paso, el desbloquear la parte emocional, notar que están ahí. Sólo así podrás reconciliarte con ellas y transformarlas. No es tan sólo el primer paso para la recuperación, sino que es esencial. Sea lo que sea lo que te haya hecho daño permítete sentirlo. A veces nos culpamos pensando “no debería estar así”, “me afecta demasiado”, pero estos pensamientos sólo juegan en nuestra contra. No serás más valiente por no sentir, no serás más fuerte por no dejar que te afecten las cosas. Vivir todo esto sencillamente te hace humana.

Es innegable que lo que te ha sucedido forma parte de ti, de tus vivencias. Que hacer un reset es imposible, no se puede volver al punto de partida. Las cosas ya no van a ser igual. Pero esto no quiere decir que todo vaya a ser peor. Tienes que saber que lo que te ha sucedido no tiene por qué determinarte el destino. Lo que te ha pasado puede explicar tu presente, puede explicar cómo te sientes, pero en ningún caso tiene por qué significar el trazado de tu futuro. Tú haces el camino. Sé que así escrito suena fácil pero no es sencillo. A veces no se sabe cómo dar el salto, no se sabe por dónde comenzar… No pasa nada, es normal y no tienes por qué hacer esto sola. Tus amigos, familiares, te pueden ayudar. También un profesional puede ayudarte. Tu camino no será menos tuyo, ni tú serás más débil o incapaz por pedir ayuda. Todo lo contrario. Tomar la determinación de que tú sola no puedes tiene mucho más valor del que pueda parecer: no sólo el esfuerzo que resulta reconocerlo ya tiene muchísimo mérito, sino que también te hace increíblemente honesta y valiente. Y es tomar una decisión, un paso gigante hacia delante.

Sea cual sea el camino que tomes, es fundamental que abras el abanico y veas la cantidad de posibilidades que te ofrece la vida. Porque, aunque cueste mucho verlo, son muchas y ahí están. La vida sigue su curso y abre pequeñas puertas y ventanas para que te cueles por ellas y construyas tu camino. Di no a los determinismos, no aceptes cosas como “si me han hecho daño estaré herida siempre”. Seguramente siempre recuerdes lo que te ha sucedido, siempre recordarás tu malestar. Pero no es nada malo, ni mucho menos. Es importante mantener la perspectiva y no olvidar lo que nos ha pasado, porque representa recordar cómo hemos crecido, cómo nos hemos fortalecido, cómo nos hemos hecho más nosotras mismas. Pero esto no quiere decir quedarnos ancladas en el trauma. Hay que seguir adelante. Esto requiere un esfuerzo muy muy grande, de incalculable valor. Por muy pequeña que te parezca una decisión, tómala. Y luego otra, y otra. Tienes un poder de construcción que ni te imaginas. Las circunstancias aprietan, las obligaciones ahogan, la vida puede ser complicada pero siempre hay algo en lo que puedes decidir. Siempre. Y esas posibilidades están ahí para ti, para que traces la vía que quieres seguir, para no dejarse llevar y ser arrastrada por todo lo externo. Mira en tu interior, observa qué quieres, y luego busca en el exterior las oportunidades que te llevarán por tu camino.

No tengas prisa. La resiliencia es un proceso lento. Recuerda al proceso del bambú japonés: Se planta la semilla, se va regando… y parece que nada sucede. Llegan a pasar siete años y, de repente, el bambú crece treinta metros en seis semanas. Lo que esto quiere decir no es que así, sin más, el bambú crece de golpe, sino que en esos siete años ha creado todo el sistema de raíces necesario para poder sostenerse al crecer. Así que, de igual manera, tómate el tiempo necesario para reconstruirte, para luego poder ponerte en pie. No hace falta que estés bien en dos semanas, ni en seis meses. Es necesario lo que haga falta. Cada persona tiene su tiempo, y debes respetar el tuyo: tus avances, retrocesos, puestas en firme, caídas de bruces, tus días buenos, tus días malos, tus días peores… Todo esto forma parte del proceso. La resiliencia no es una línea recta hacia la recuperación, es más como las olas del mar, un vaivén que finalmente se transforma en aguas tranquilas con vistas al horizonte.

Sé que todo esto no son más que palabras, pero con ellas lo que quiero decirte es que tú puedes salir de ahí. Tienes que saberlo: puedes. Estás herida pero no vencida. Por muy imposible que te parezca puedes resurgir a la vida. Será difícil, tendrás que batallar con todas tus fuerzas, pero lo conseguirás. En este viaje aprenderás muchas cosas de ti, aprenderás a manejar lo que te parece inmanejable, aprenderás a ser más fuerte, aprenderás a ser más tú. Verás las posibilidades que tienes: son muchas. Sigue adelante, continúa este viaje y encontrarás tu camino.

Irene
de Proyecto-Kahlo.com

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