JESÚS SÍ EXISTIÓ


Y no porque el prestigioso historiador judío, Flavio Josefo, se refiera a él en su testmonium flavianum de esta forma:
“Por ese tiempo (durante el gobierno de Poncio Pilato, 18-36 d.C) vivió Jesús, un hombre sabio si es que realmente hay que considerarlo un hombre. Porque él realizó hazañas sorprendentes y fue maestro de un pueblo que aceptó gozosamente la verdad. Atrajo a su causa a muchos judíos y griegos. Él era el Mesías. Cuando Pilatos, después de haber oído que era acusado por los hombres de más elevada posición entre nosotros, lo condenó a morir crucificado, los que anteponían el amor por él a todas las cosas no dejaron de amarlo. El tercer día se apareció a ellos resucitado porque los profetas de Dios habían anunciado éstas y otras incontables maravillas sobre él. Y la secta de los cristianos, llamados así después de él, no ha desaparecido hasta hoy”.
Jesús sí existió, y no porque la obra antigua Anales ⎯proporcionada por el historiador romano Tácito⎯, asegure que el Maestro no fue condenado al patíbulo por haber predicado doctrinas religiosas judías, sino porque su figura, como Mesías, llevaba implícita una oposición al poder de Roma. El texto confirma que el nazareno fue condenado a muerte por Poncio Pilato. Suetonio, o Plinio el joven, también lo mencionan.
Jesús sí existió, y no porque una pieza de lino de 4,36 metros de largo por 1,10 de ancho ⎯la hoy llamada Sábana Santa⎯ ha sobrevivido hasta nuestros días, mostrando la imagen de un hombre crucificado, con todos los signos de la pasión de Cristo. Las heridas que muestra coinciden totalmente con los Evangelios y lo que es más sorprendente: con detalles anatómicos y forenses que sólo hoy podían ser detectados. Los especialistas han determinado que la tela fue tejida según las técnicas propias del siglo I. También han sido hallados esporas y polen de la Palestina contemporánea a Jesús. Una tela “imposible” que en recientes estudios científicos echó por tierra la ridícula teoría de que era una “pintura medieval”. También se cayó el fraude del carbono 14 que la situaba en épocas históricas más recientes, datación descartada luego de los últimos estudios del año 2011, en donde también se confirma la impronta de una “extraña energía electromagnética” que grabó la imagen del crucificado en la síndone…
Jesús sí existió, y no porque, en relación a la evidencia extraordinaria que aporta la síndone, dos matemáticos de la Universidad de Turín, Tino Zeuli y Bruno Barberis, aplicaron la estadística a la sábana, que es mensurable a partir de datos etnográficos e históricos. Así, la cifra que obtuvieron afirma que la probabilidad de que la síndone no sea la mortaja que cubrió el cuerpo de Jesús, es de 1 entre 225.000 millones…
Jesús sí existió, al margen de las instituciones humanas y organizaciones de poder que se crearon más tarde y que han pretendido usar su imagen para la manipulación de las masas.
Jesús sí existe, porque independientemente de cuál sea nuestra formación intelectual, cultural, o religiosa, su figura está presente y siempre despierta interés y fascinación.
Jesús sí existe, porque está presente 2.000 años más tarde, sobreviviendo a mentiras y conjuras, y abriendo puertas de esperanza para creer no en él, sino en nosotros mismos: “…ustedes harán cosas todavía mayores de las que yo he hecho” (San Juan 14:12).
Y Jesús no es un extraterrestre, sino un terrestre “extra”: un ser humano que nos mostró la divinidad que mora en nosotros.
Al margen de que el 25 de diciembre no sea la fecha auténtica de su nacimiento, es una buena excusa para volver a encontrar la unidad en la diversidad, la esperanza en las pruebas difíciles, y la luz en el horizonte del camino.
Jesús, en definitiva, sí existe…

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