LUZ Y OSCURIDAD




Desde hace miles de años los hindúes vienen sosteniendo que toda la creación, todo lo creado, es maya, ilusión pura, engaño. Visto con los ojos del Espíritu, toda la obra del demiurgo no existe en realidad, no es más que una gran mentira. El mundo creado, tal como es percibido por los sentidos, es el gran obstáculo que separa al hombre del mundo verdadero. Y no sólo por los engaños de la materia están extraviados los seres humanos. Al engaño de la materia, creada por el demiurgo, debe sumarse el engaño de la cultura, creada por el hombre y al servicio de aquél. Todos los estímulos culturales con los que es bombardeado el hombre continuamente, tienden a mantenerlo en un estado de confusión y mansedumbre. Libros, revistas, diarios, cine, televisión, estos son los medios de que se valen los representantes del demiurgo para que los hombres continúen hipnotizados y obedientes. Para que prosigan actuando como sonámbulos, trabajando, durmiendo, perdiendo el tiempo, desperdiciando oportunidades. Sin despertar jamás, como perfectos zombis o golems del demiurgo, sirviendo a un fin que no es el del Espíritu.

Toda esta gran confusión, este gran maya que proviene de la creación y que es continuada por la cultura, es transmitida a su vez por los padres a sus niños pequeños y luego por los maestros en las escuelas. Así es aniquilado desde que el hombre nace, hasta el menor atisbo de Espíritu. A través de castigos, amenazas y lavados de cerebro son anuladas toda rebeldía, desobediencia, oposición y todo lo que provenga del Espíritu. Transformando a sus hijos en máquinas de ciega obediencia, los progenitores satánicos forman a los futuros esclavos del demiurgo.

En medio de esta gran confusión, los hombres creen saber lo que es bueno y lo que es malo. Creen también que haciendo lo que llaman "bueno" y evitando lo que llaman "malo", están cumpliendo con todo su deber. No saben cuán confundidos están, no saben que viven en el error, no saben que continuamente se engañan a sí mismos y engañan a los demás. No lo saben porque están dormidos, porque les han lavado el cerebro, porque les han anulado el Espíritu desde su nacimiento. La mayoría de los hombres llama luz a lo que es verdadera oscuridad y a la Luz Verdadera la percibe como tinieblas. Llama "bien" a todo lo satánico proveniente del demiurgo, y a todo lo que proviene del Dios Incognoscible lo llama "mal".

Hay dos fuerzas opuestas actuando fuera y dentro del hombre: el creador y el Incognoscible, lo creado y lo Increado, el alma y el Espíritu. Una de ellas representa al mal y a la oscuridad, la otra al Bien y a la Luz. Es fácil de imaginar cuales serán las posiciónes de un Gnóstico y las de un hombre dormido.

Se dice que toda la historia humana se puede explicar como la lucha entre la luz y la oscuridad, pero ¿Qué luz y qué oscuridad? La mayoría de los seres humanos desconoce que pasa su vida luchando a favor del mal verdadero. Lo que los hombres llaman luz es la luz creada por el demiurgo, pues no conocen una luz superior a esa. Es la luz que proviene del mundo creado y que para el Espíritu es una oscuridad insondable. Los hombres llaman luz a la oscuridad que proviene del demiurgo y de su creación demoníaca. Llaman verdad a la Gran Mentira, al Gran Engaño, a lo que podemos denominar la Gran Burla.

Hay otra Luz, superior, inconcebible, incognoscible: la Luz Increada que proviene del reino del Dios Verdadero y Desconocido. ¿Qué ocurriría si esa Luz irrumpiera en este universo impuro? Los hombres se enceguecerían. ¿Qué verían? ¿Verían una luz? No, verían la noche. Sus ojos no están preparados para contemplar esa Luz infinitamente pura y perfecta. Se asustarían, temiendo con razón ser destruidos por ella. Entonces a esa Luz la llamarían "el mal", "la oscuridad", como ocurre con todo lo que es mirado con los ojos de lo impuro, del cuerpo y del alma del hombre, y no con los ojos del Espíritu.

Esta es la confusión entre oscuridad y Luz, la misma confusión que hay entre el dios creador y el Dios Incognoscible, entre lo creado y lo Increado, entre el alma y el Espíritu. Por eso, sin saberlo los hombres llaman luz a la oscuridad verdadera, y a la Verdadera Luz la llaman oscuridad. La Verdadera Luz los dejaría ciegos, los destruiría. Si pudieran soportar su visión sin morir, sólo verían una oscuridad sin nombre, porque estarían viendo la Luz Verdadera.

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