REBELDIA Y OPOSICION



Los Gnósticos, una vez delimitadas las diferencias absolutas e irreconciliables entre el dios creador y el Dios Incognoscible, consideran al dios creador del mundo como algo totalmente inferior al Dios Verdadero y Desconocido. Es lógico entonces, que sostengan que todos los mandatos, todas las leyes del dios creador del universo y del hombre deben ser desobedecidas, porque esa no es la palabra del Dios Verdadero sino la del otro, la del impostor, inferior e inepto. Para los Gnósticos, todo lo que está en los libros sagrados de las religiones no es la palabra del Dios Verdadero e Incognoscible, sino la del dios creador o demiurgo. En esos libros están sus mandamientos, lo que él desea que los hombres cumplan, cómo deben relacionarse entre ellos y cómo deben adorarlo y servirlo a él. Los Gnósticos concluyen que si esas leyes son las del demiurgo, pueden y deben ser desobedecidas.

Los Gnósticos se oponen a priori, por principio, a todo lo que provenga del demiurgo. Todo lo que el creador declare, todo lo que ordene, todo lo que exija debe ser desobedecido, porque ese no es el Dios Verdadero sino un impostor que se cree "el Único".

Vista desde afuera y superficialmente por un hombre común, esta posición Gnóstica parece una rebeldía abominable. El hombre común imagina que un dios bueno ha creado al hombre, ama al hombre, desea ayudarlo, ha puesto muchas esperanzas en él y necesita del hombre para perfeccionar y completar su obra. El hombre común vería con horror esta oposición Gnóstica contra "el padre bueno que lo ha traído al mundo". El hombre, la mejor de las criaturas que dios ha creado, se estaría rebelando contra él, oponiéndose a él, renegando de él. ¡Que cosa horrible! Pero lo que el hombre común no sabe, es todo lo que hemos dicho hasta ahora sobre ese "padre bueno", y sus obras y proyectos.

Para la Gnosis , la rebelión contra el demiurgo no sólo libera al hombre de su esclavitud y servidumbre, también debilita y quita poder a aquél. Con su oposición permanente, el Gnóstico paulatinamente va adquiriendo un poder igual y luego superior al del dios creador.

Si el hombre fuera sólo un cuerpo y un alma, si estas dos entidades creadas por el demiurgo fueran todo lo que constituye a un hombre, por supuesto que nunca habría rebelión alguna. Nada creado se rebela contra su creador. Lo que ocurre es que hay algo en el hombre que no ha sido creado por el dios creador: el Espíritu Eterno. El Espíritu ha sido traído de afuera, no pertenece a este mundo. Ha sido agregado al engendro cuerpo-alma, para hacerlo funcionar y evolucionar. Pero ha sido puesto allí contra su voluntad, se encuentra encarcelado en la materia. Es el Espíritu lo que se rebela. No se rebela contra su creador, se rebela contra su aprisionador. Escuchen bien: esta rebelión proviene del Espíritu. Es lo increado en el hombre lo que aborrece y se opone al satanás creador y a su obra.

Un hombre Gnóstico, un hombre que se haya transformado en su propio Espíritu, un hombre en quien su Espíritu se haya liberado y que apoderándose de su cuerpo y alma los utilice como instrumentos, ese hombre será un gran rebelde, un gran opositor. Sus acciones serán imponentes y demoledoras, como lo es todo Espíritu liberado. Y como en el caso de Caín, el demiurgo no tendrá poder sobre él.

Un hombre semidormido, por el contrario, será un rebelde a medias. Buscará a ciegas una salida. Se opondrá casi inconcientemente al mundo creado que envuelve y asfixia a su Espíritu. Su accionar semiconciente no permitirá una rebeldía u oposición capaces de poner en peligro al demiurgo y su obra.

Dijimos que en el proceso de liberación del Espíritu, el hombre va adquiriendo un poder igual y luego superior al del dios creador. Dijimos también que una rebeldía y oposición, fuertes y sostenidas, debilitan y quitan poder al demiurgo. Esto nos lleva a las cuatro posturas posibles sobre la idea que un hombre puede tener del dios creador.

La primera de ellas: el demiurgo existe. El dios creador del cielo y de la tierra, existe.

La segunda posición es: el demiurgo no existe. Es el ateísmo. El dios creador no existe. Todo lo que existe es producto de la evolución ciega de la materia.

Estas dos primeras posiciones, dios existe-dios no existe, son las tradicionales en la historia de la humanidad.

Siempre se pensó que no podía haber una tercera postura, pero vino Nietzsche y declaró "dios ha muerto". Esta es la tercera idea que sobre el dios creador puede tener un hombre: dios existió, pero ahora está muerto. Esta idea parece ser algo intermedio entre existe-no existe.

La cuarta posición es mi posición Gnóstica: el dios creador existe, pero debe ser eliminado por el hombre.

Esta última posición parece ser la que más horror ha causado, a juzgar por la forma en que se la ha perseguido y ocultado. Los Gnósticos sostienen que el creador debe ser acorralado y debilitado, de forma tal que no pueda volver a crear nunca más nada y termine por desaparecer. La dualidad de mundos debe ser eliminada por el hombre. Habrá entonces un solo reino: el del Dios Incognoscible.

Los Gnósticos sostienen que los ataques deben ser dirigidos contra el dios creador, para romper el eterno retorno de manvantaras y pralayas, de ensayos y errores experimentales en ese Gran Plagio que jamás alcanzará la perfección. Si una reacción atómica en cadena destruyera todo lo creado, el demiurgo nuevamente volvería a crearlo todo otra vez. Por esta razón la Gnosis afirma que es el dios creador quien debe ser vencido y eliminado.

En un interesante film titulado "Warlock", un brujo, que es "el malo de la película", intenta encontrar las palabras exactas con las que el demiurgo ha creado el mundo. Pronunciando al revés esa fórmula toda la creación desaparecería. No se trata de algo malo sino de una posible pérdida de tiempo: si así sucediera el demiurgo volvería a crearla nuevamente.

Otro tema importante es el del suicidio. El suicidio pareciera ser una rebelión contra el creador, pero no lo es. Quienes piensen que a través del suicidio lograrán escapar de las garras del demiurgo, están equivocados.

Cuando un hombre comienza a despertar y empieza a ver las cosas tal como son, teme haberse vuelto loco. Se da cuenta que todo lo que le han enseñado han sido mentiras, que está rodeado de locos y sonámbulos, y que está inmerso en un gigantesco campo de concentración habitado por insanos. Si este hombre no encuentra rápidamente a otros hombres despiertos como él, es probable que piense en suicidarse, tratando de huir de esa prisión. Por eso la mayoría de los hombres prefiere continuar durmiendo. La mayoría no quiere conocer la verdad: que habitan un gigantesco manicomio ideado y controlado por el Loco Supremo. Solo una minoría de hombres muy valientes buscará ese Conocimiento Especial capaz de despertarlos.

Vimos que el intento de destrucción de la obra del demiurgo es algo inútil, pues éste volvería a crearla nuevamente. Así también, el suicidio es un error, una rebelión inútil, y en este caso todo lo contrario a una liberación.

Cuando un hombre común y corriente se suicida, su alma es separada del cuerpo, llevándose consigo al Espíritu que está atado a ella y entregada al demiurgo. A continuación vienen el juzgamiento, el castigo y el karma. Esto es lo que sucede cada vez que un hombre muere, y en el caso del suicida no es una excepción. En el caso del suicidio, el castigo infligido por el demiurgo será mayor: un prisionero ha intentado escapar y ha sido atrapado nuevamente. Doble castigo. El suicida no ha escapado de nada, no se ha liberado de nada. Allí está, nuevamente en las manos del demiurgo. Para el hombre común, el suicidio no es una salida ni una liberación. Al contrario, es un empeoramiento de su situación.

Pero en el caso de un hombre que se ha realizado en su Espíritu todo es diferente, pues él ya no es un hombre común y corriente. Él es un evadido de la cárcel del demiurgo. A él ya no pueden alcanzarlo el demiurgo y sus castigos. Las leyes del karma ya no existen para él. Él se ha transformado voluntariamente en algo increado dentro del mundo creado y puede hacer lo que quiera, incluso suicidarse. Su cuerpo y su alma impuros, han sido divinizados por el Espíritu y ya no pertenecen al demiurgo. Su cuerpo, alma y Espíritu se han convertido en una sola cosa: indestructible, inmortal y eterna. Para esta clase de hombre, el suicidio es simplemente una manera de trasladarse de un punto a otro del universo, o de una dimensión a otra.

Este tipo de hombre es el que está descrito en el mito cristiano. Se dice que cuando fueron a buscar el cuerpo de Cristo no lo encontraron, la tumba estaba vacía. Claro, ¡Si el Espíritu se había llevado al cuerpo y al alma con él! Después de la "muerte", el cuerpo y el alma Espiritualizados, transformados en una unidad indisoluble con el Espíritu, se marchan con él.

Veamos el ejemplo de un suicida famoso, ahora que hablamos del cristianismo. Ese suicida es Judas, el hombre que traicionó a Jesucristo. Un hombre común, desinformado y confundido, diría que Judas es un monstruo, que por su culpa Jesucristo fue crucificado. Judas es el malo de esta historia ¿Quién podría quererlo a Judas?

Sin embargo, para los Gnósticos Judas es un héroe, un benefactor de la humanidad, que con su traición ayudó a que se cumpla la misión de Jesucristo. Incluso existió un "Evangelio de Judas", que narraba todos estos sucesos desde el punto de vista de él. Ya pueden imaginar lo que ocurrió con ese evangelio.

Según los Gnósticos, Judas vino a ayudar a Cristo en su misión. La traición de Judas es lo que condujo directamente a Jesucristo a su crucifixión. La muerte del Mesías redimió al mundo. La muerte redentora del Salvador, sin Judas no hubiera sucedido. Sin Judas, el cristianismo no hubiera triunfado como religión. Que distinta hubiera sido la historia humana si no hubiera existido Judas, "el mejor de los discípulos del Señor".

Qué podía importarle a Judas el hecho de que generaciones posteriores dijeran de él que era un monstruo. ¡Si ése es el destino de los héroes, de los grandes hombres, aquí, en el infierno del demiurgo! Sin duda Judas sabía que posteriormente se hablaría mal de él, que se lo desprestigiaría sin piedad, que sería odiado y despreciado por todos. Pero, ¿Qué podía importarle eso a quien vino a cumplir una misión imprescindible, nada menos que junto a uno de los salvadores del mundo? Por eso Cristo dijo a Judas: "Judas, lo que tienes que hacer hazlo ahora". Su "traición" fue fundamental para el futuro del cristianismo.

¿Qué podría hacer Judas después de cumplir con éxito su misión? Debía abandonar el mundo del demiurgo, pues ya no tenía nada que hacer aquí. Cumplida su misión, debía retornar a su hogar en el mundo incognoscible.

Judas se suicidó. Cuentan las tradiciones que Judas se dirigió a un árbol y se ahorcó. Una vez cumplida su misión, un Guerrero del Espíritu puede recurrir al suicidio como una forma de salir rápidamente del infierno del demiurgo. Puede hacerlo porque él no pertenece a este mundo y, como dijimos, ni el creador ni sus leyes tienen poder sobre él.

Pero una cosa es el suicidio en un guerrero, en un superhombre del Espíritu, y otra cosa es el suicidio en un hombre dormido. Por eso no es lo mismo el suicidio de Judas que el suicidio de un hombre común y corriente, que se desespera por cualquier tontería del mundo de la materia y un buen día se mata.

Afirman los Gnósticos que el árbol en el que Judas se colgó, no era otro que el árbol del Edén.

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