Tom Heckel, consejero psíquico. “Empecé a gritar por la calle: ´¡Todos somos uno!´

La gente le pregunta cosas.
Me preguntan acerca de ellos mismos, de sus anhelos, angustias, miedos, deseos…
Y usted ¿qué hace?
Escucho. En lo que me cuentan identifico la esencia de su conflicto… y percibo cómo podrían gestionarlo en su beneficio. Es un sentimiento que acto seguido formulo en palabras, en forma de consejo.
¿Y funciona?
Siempre les ayuda, sí. ¡Pero yo no hago más que leer la respuesta contenida en la pregunta que me traen! Todos llevamos encima el problema y su solución.
¿Sí? ¿Y cómo hace usted para verla?
Accedo a cierto estado de conciencia que conecta con la conciencia del que pregunta más allá de su raciocinio.
¿Eso es algo que hace usted a voluntad?
Sí, desde hace casi 40 años, pero cada vez con más facilidad y precisión, por práctica.
¿Cómo descubrió esa facultad?
En Katmandú, a fines de los años sesenta, espontáneamente experimenté una modificación de conciencia desde la que vi a las personas como esferas de luz interconectadas, y sentí que todos somos uno, y sentí un amor infinito por todo…
¿Tomó alguna sustancia psicoactiva?
¡No! Sucedió tras robar un paquete de incienso a un indio indigente. Verá, yo era cleptómano desde pequeñito, ¡robar me daba placer, era mi desafío…! Pero aquel día, no sé por qué, me di la vuelta y devolví lo robado a aquel pobre hombre. Y, súbitamente, algo cambió en mi estructura psíquica.
Compasión…
Sentí que por mi coronilla expulsaba una corriente oscura y que después entraba una luz dorada que bañaba cada célula de mi ser. ¡Qué amor, qué felicidad!
Un clásico arrobo místico.
Rebosante de gozo, empecé a gritar por la calle “¡Todos somos uno!”, traspasado por una gran alegría y sensación de divinidad.
Uh, no sé qué diría un psiquiatra…
Ah, si eso me pasa en una calle de Nueva York, me encierran, me diagnostican esquizofrenia y me reencauzan con fármacos.
¿Y allí nadie le dijo nada?
No, porque por las calles de la India circulaban miles de locos, allí son parte de la normalidad. Mis amigos sí se inquietaron un poco. Pero entendieron que algo se había despertado en mí. Y empezaron a hacerme preguntas metafísicas. Y yo respondía desde un conocimiento al que me había conectado.
¿Era usted creyente?
No, no tenía ningún interés espiritual, sólo creía que la guerra de Vietnam era una salvajada en la que no quería participar. Y así lo había declarado, al ser llamado para alistarme, ante un oficial que montó en cólera mientras gritaba: “¡Si no estás dispuesto a luchar por tu país, no vivas aquí!”. Y le hice caso: me largué de Estados Unidos.
¿Para irse a la India?
No, por aquel entonces ni se me ocurrió: fui a Europa, a buscarme la vida. Acabé desplazándome a Grecia, de allí a Turquía… donde conocí a un grupo de hippies que iban a la India, porque había buen rollo, montañas, buena hierba… Me uní a ellos, y así fui allí.
¿Y qué descubrió en la India?
Esa esquizofrenia creativa, esa exploración psíquica. Descubrí que conectaba con una conciencia no asociada a mi individualidad. ¡Me asombró que esa energía poderosísima me atravesara sin destruirme…! Aunque a punto estuvo de matarme.
¿Por qué?
Yo había lanzado al aire mi pasaporte y mi dinero, y peregrinaba por los caminos de la India. Vivía sólo de lo que me daban, tan abandonado a mis éxtasis que descuidaba mi cuerpo, mi salud física… y estuve al filo de la muerte varias veces.
¿Qué le salvó?
Unos santones hindúes me vieron y me llevaron con ellos a la selva. Durante un año me enseñaron a meditar, de tal modo que aprendí a conducir esos raptos místicos a voluntad, a entrar y salir de ellos. Sin ese aprendizaje yo hoy estaría muerto, seguro.
¿Qué hizo luego?
Vagué por la India, hasta irme a vivir durante meses a una cueva en la cordillera del Himalaya. Ahí, a punto de morir de inanición y frío, ya fuera del cuerpo físico, entendí que debía regresar para ofrecerme a los demás. Y eso hice.
Una historia exótica.
Integré mi locura y la hice útil. Y aquí estoy: todo fue bien cuando entendí que no debía sentir miedo ante lo que me pasaba, sino sólo gratitud. Es un consejo válido para ti, para todos: cada mañana, al despertarte, siente gratitud por estar vivo y por todo lo que tiene tu vida. ¡Al cabo del tiempo todo alrededor mejorará, ya lo verás!
¡Gracias! Tras 40 años de escuchar consultas, ¿qué ha aprendido de la gente?
Que mucha gente sensible está despertando a un umbral de transformación, a otra perspectiva… A la pura compasión, ¡la energía más fuerte del universo!
Si no hubiese dejado su país, ¿quién cree que sería usted hoy?
Estudié Económicas y Derecho, y hoy sería un profesional de éxito, con una gran casa, coches, lujos, bienestar… pero infeliz, seguro. Ahora soy pobre y soy feliz, porque me siento parte de un plan divino en el que desempeño mi porción con alegría y confianza.
¿Ha logrado usted la perfección?
¿Lograr? La perfección es la aceptación de lo existente.
Generación JFK
Pertenece a la generación que sintió que el mundo se oscurecía el día del asesinato de JFK, “que nos sumió en una gran desilusión y depresión”. A su vuelta de la India se instaló en Canadá y a su alrededor se arremolinó un millar de seguidores que bebía de sus palabras. Un día les dijo: “Tenéis dependencia de mí. ¡Largaos!” Hoy vive en Chile, y por su casa desfila gente de todo el mundo para consultarle de todo. Él les ayuda a encontrar salida a sus nudos psíquicos. “Vienen muchos psiquiatras, psicólogos y médicos a hablar conmigo, y aprendemos todos”, me cuenta. En Baba Om. Una odisea mística (La Llave) explica su vida y propone que recuperemos conciencia de lo sagrado de la vida.
Fuente: La vanguardia     https://creixementpersonal.wordpress.com/2008/08/05/tom-heckel-consejero-psiquico-empece-a-gritar-por-la-calle-%C2%B4%C2%A1todos-somos-uno%C2%B4/

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