EXTRACTO DEL MISTERIO DE BELICENA VILLCA. ATLANTES, TARTESSOS VS GOLEMS, PUEBLO ELEGIDO

Cuando la ley imperial del año 392 amenazò considerar crimen de lesa majestad la pràctica de los cultos paganos, hacìa tiempo que la Casa de Tharsis había aceptado el Cristianismo como su religión familiar. Lògicamente, los Señores de Tharsis veían claramente la marcha de los tiempos, y su única prioridad, desde la destrucción de Thartessos, era dar cumplimiento a la misión familiar y preservar la Espada Sabia.

Pero la Cábala acústica se encontraba revelada en las Tablas de la Ley y éstas encerradas en el Arca, de donde sólo podían ser extraídas una vez al año, para privilegio de los Sacerdotes. Finalmente, el Rey Salomón hizo enterrar el Arca en una cripta profunda bajo el Templo, unos mil años A.J.C., y permaneció en el mismo lugar hasta la Edad Media, es decir, por espacio de veintiún siglos. Podría agregar que fue la manera mágica como se la enterró la que impidió que el Arca fuese hallada antes.
A la muerte de Salomón, el Reino de Israel se dividió en dos partes. Las tribus de Judá y Benjamín, que ocupaban el Sur de Palestina, quedaron bajo el mando de Roboam, hijo de Salomón, y el resto del país, formado por las otras diez tribus, se alineó tras la autoridad de Jeroboam. En el año 719 A.J.C. el Gran Rey Sargón destruyó el Reino de Israel, y las diez tribus de Jeroboam fueron transportadas al interior de Asiria para servir en la esclavitud. Las dos tribus restantes formaron el Reino de Judá, del cual descienden, en mayor o menor medida, los judíos actuales.

Las “diez tribus perdidas de Israel” no desaparecieron de la Historia como la propaganda interesada de los judíos pretende hacer creer, dado que se sabe sobre el asunto mucho más de lo que se dice. Por ejemplo, es cierto que hubo hebreos en América antes de Colón, y también que una gran parte de la población actual de Afganistán desciende de los primitivos miembros del Pueblo Elegido. Pero lo que aquí interesa es señalar que hubo entonces una migración de hebreos hacia el Norte, los cuales iban guiados por una poderosa casta levita. Después de atravesar el Cáucaso, adonde fueron diezmados por tribus germánicas, llegaron a las estepas de Rusia y allí chocaron con un pueblo escita. La masa del pueblo hebreo se mezcló con los escitas, mas, como eran muy inferiores en número, no afectaron la identidad étnica de estos; por el contrario, la casta levita no aceptó perder su condición de miembros del Pueblo Elegido degradando su Sangre con los Gentiles. Los levitas permanecieron así, dedicados al Culto y al estudio de la Cábala numérica, durante muchos años, llegando a alcanzar notables progresos en el campo de la hechicería y la magia natural. Cuando, siglos después, los escitas se desplazaron hacia el Oeste, una parte de ellos se estableció en los Cárpatos y en las orillas del Mar Negro, mientras que otra parte continuó su avance hacia Europa central, adonde fueron conocidos como celtas. Acompañando a los celtas iban los descendientes de aquellos Sacerdotes levitas, llamados ahora Golen por creerse que su procedencia era la fenicia Ciudad de Sidón, adonde los denominaban Gauls o Gaulens. Pero de Sidón, los Golen se expandieron a Tiro, desde donde navegaron con los fenicios hasta Tharsis e hicieron las primeras incursiones que recuerdan los Señores de Tharsis; tras la caída de Tiro, en el siglo IV A.J.C., habrían de asentarse, como se vio, en Cartago, desempeñando el Sacerdocio de Baal Moloch. Algunos Golen se establecieron también en Frigia, como oficiantes del Culto de Cibeles, de Adonis, y de Atis. Es que para entonces, los Golen poseían ya un terrible poder, fruto de siglos consagrados al estudio del Satanismo y la práctica de la Magia Negra. En síntesis, los celtas avanzaron por Europa guiados por los Golen. Y el tiempo diría que aquella alianza no acabaría jamás, extendiéndose hasta nuestros días.

Mas, ¿cómo llegaron los levitas de las tribus perdidas a convertirse en Golen, es decir, cómo obtuvieron su siniestro conocimiento? La explicación debe buscarse en el hecho de que estos levitas, cosa que no ocurrió con otros Sacerdotes judíos ni entonces ni después, no se conformaban con el saber que sólo podía extraerse de la Torah escrita: ellos deseaban acceder a la Hokhmah, o Sabiduría Divina, por un contacto directo con la Fuente de la Cábala Acústica, que es la Ciencia de los Atlantes morenos. Su insistencia y perseverancia por conseguir ese propósito, y su carácter de miembros del Pueblo Elegido, convenció a los Demonios de la Fraternidad Blanca de que se hallaban frente a invalorables colaboradores del Pacto Cultural. Y esa convicción los decidió a confiarles una importantísima misión, una empresa que requeriría su intervención dinámica en la Historia. El cumplimiento de los objetivos propuestos por los Demonios redundaría en beneficio de los levitas, ya que les permitiría avanzar cada vez más en el conocimiento de la Cábala acústica. ¿Qué clase de misión les habían encomendado los Demonios? Una tarea que tenía directa relación con sus deseos: serían ejecutores del Pacto Cultural; trabajarían para neutralizar las construcciones megalíticas de los Atlantes blancos, tratarían de recuperar las Piedras de Venus, combatirían a muerte a los miembros del Pacto de Sangre, y colaborarían para que el plan de la Fraternidad Blanca, consistente en instaurar en Europa la Sinarquía del Pueblo Elegido, pudiese llevarse a buen término. Pero los Golen, en el fondo, seguían siendo Sacerdotes levitas, hijos del Pueblo Elegido, y ahora poseedores de la “Sabiduría Divina” de YHVH, la Hokhmah; por eso su fundamental ocupación, el objetivo principal de sus desvelos, sería teológico: Ellos intentarían unificar los Cultos, demostrando que, “tras la pluralidad de los Cultos”, existía “la Singularidad de Dios”; que, desde entonces, se debería cumplir rigurosamente con el Sacrificio del Culto. “Porque, cualquiera que fuese la forma del Culto, «el Sacrifico es Uno», vale decir, el Sacrificio participa de El Uno”.

A partir del siglo V, están ya los celtas y los Golen recorriendo Europa hacia el Oeste. Los Galos fueron los que se unieron a Amílcar Barca e impidieron que Roma auxiliase a Tartessos; luego se unirían a Amílcar Barca en la invasión de Italia; pero mucho antes, en el siglo IV, habían humillado a Roma y destruido el Templo de Apolo, en Delfos. Julio César, en su célebre campaña de las Galias, consigue someterlos definitivamente al control de Roma en 59 A.J.C.; Augusto divide a la Galia transalpina en cuatro provincias: la Narbonense, la Aquitania, la Céltica o Lionesa, y Bélgica. Los Golen, que detentaban gran poder sobre todos estos pueblos, comienzan a retirarse poco a poco de las provincias romanas, incluso seguidos por algunos contingentes celtas: pasan primero a Gran Bretaña, o “Britania”, pero el objetivo final es Irlanda, o sea “Hibernia”. En los primeros siglos de la Era cristiana no son muchos los Golen que se mueven libremente por Europa: en el siglo IV, cuando se castiga con la pena de muerte la práctica de los Cultos paganos, ya no parece haber Golen en las regiones romano cristianas. De hecho, para entonces las Galias e Hibernia están totalmente romanizadas y, en las regiones que aún se practica el paganismo, los misioneros católicos derrumban los templos paganos, a veces árboles centenarios, y ponen en fuga a los Golen. Invariablemente, estos parten hacia Gran Bretaña e Irlanda.

La llegada de los bárbaros en el siglo V no les brinda una oportunidad de reimplantar su poder pues estos pueblos son cristianos arrianos y de Raza germánica, tradicionalmente enemistada con los celtas que los consideran también barbarii. Así, en el Reino visigodo de España, los Señores de Tharsis recogerán entonces la impresión de que, al fin, los Golen han desaparecido de la Tierra. Empero, estaba por ocurrir todo lo contrario, pues en poco tiempo los Golen protagonizarían el regreso más espectacular. Sí, porque los Golen no retornaban a Europa para cumplir su antiguo rol de Sacerdotes paganos del Dios Uno, para cumplir la misión de unificar los Cultos en el Sacrificio ritual: ahora corrían otros tiempos; de aquella misión se ocuparían directamente los miembros del Pueblo Elegido, quienes ofrendarían a El Uno el Sacrificio de toda la Humanidad Gentil o Goim. La Fraternidad Blanca había encargado a los Golen, en cambio, el desempeño de una función superior, una ocupación que favorecería como nunca la unificación de la humanidad. Por eso ellos no volvían esta vez como Sacerdotes paganos sino como “Cristianos”; y no sólo como “Cristianos” sino como “católicos romanos”; y no sólo como católicos sino como “monjes misioneros” de la Iglesia Católica; y luego serían considerados “constructores sabios” de la Iglesia, título absurdo cuya mención iba a arrancar risas irónicas a los Hombres de Piedra.

Es ésta una larga historia que aquí sólo puedo resumir, y que tiene su principio en los planes de la Fraternidad Blanca. Los Dioses Traidores, para cumplir sus pactos con el Dios Creador y las Potencias de la Materia, debían favorecer el Control del Mundo por parte del Pueblo Elegido. Para ello sería necesario afianzar definitivamente el modo de vida materialista fundado en el Pacto Cultural, vale decir, sería necesario afianzar el Culto en las sociedades germano romanas recientemente formadas en Europa. Y la mejor manera de afianzar el Culto, tal como se desprende de lo que expuse en el Tercer Día, es formalizarlo y plasmar esa forma en las masas; centrar a la sociedad en torno a la forma del Culto. ¿Dónde comienza la forma de un Culto, cuál es el extremo más visible para las masas? Evidentemente, el Culto comienza por el Templo, lo que primero aparece al creyente. En verdad, lo más importante del Culto es el Ritual; pero todo sitio donde se practica el Ritual es un Templo pues el Templo es el Espacio Sagrado donde se puede realizar el Ritual: la prioridad aparente del Templo surge de que, efectivamente, puede existir un Templo, es decir, un Espacio Sagrado o Centro de Manifestación metafísica, sin que haya Ritual, pero es inconcebible que pueda ejecutarse un Ritual fuera de un Espacio Sagrado o Templo. El plan de la Fraternidad Blanca para afianzar el Culto comenzaba, pues, por la implantación masiva de Templos y por la evolución de la forma de los Templos en concordancia con los objetivos del Ritual.

Pero esos planes apuntaban a un objetivo final mucho más complejo: la instauración de un Gobierno Mundial en manos del Pueblo Elegido. La Fraternidad Blanca crearía las condiciones culturales adecuadas para que una sociedad futura aceptase tal forma de gobierno: en esa empresa ocuparían el esfuerzo de toda la casta sacerdotal de Occidente, figurando en primer término la misión encomendada a los Golen. Cuando la sociedad estuviese lista para el Gobierno Mundial entonces se realizaría, Mesías mediante, la reunificación del Cristianismo con la Casa de Israel y se elevaría al Pueblo Elegido al Trono del Mundo. Tales eran los planes de la Fraternidad Blanca y de los Sacerdotes del Pacto Cultural. La transformación de la sociedad, que esos planes exigían, se lograría principalmente por la unificación religiosa y la función fijadora del Culto que ejerce todo Templo sobre las masas. Pero habría más: también se requería la formación de un poder financiero y militar que prestase apoyo, en su oportunidad, a la constitución del Gobierno Mundial.

 El Culto oficial de las sociedades europeas era el cristiano, así que los Templos habrían de responder a los Ritos de la Iglesia. Claramente, se advierte que el plan de los Dioses Traidores requiere la efectivización de dos condiciones: la primera es que las masas tomen conciencia de la necesidad del Templo para la eficacia del Ritual; y la segunda es que se disponga, en el momento en que esta necesidad alcance su máxima expresión, de los hombres capaces de satisfacerla mediante la construcción de Templos en grandes cantidades y volúmenes. La primera condición se cumpliría por la constante y permanente prédica misionera; la segunda, con la fundación en Occidente, de un Colegio Secreto de Constructores de Templos: este Colegio, fue confiado a los Golen. Mas ello no ocurrió de entrada, pues se debía concretar el plan de la Fraternidad Blanca comenzando por la primera condición: cuando en la Iglesia estuvo preparado el lugar que iban a ocupar los Golen para desarrollar su Colegio de Constructores, en el siglo VI, recién entonces se los convocó en Irlanda para que hicieran su asombrosa reaparición continental.

La oportunidad que los Golen aprovechan para regresar a Europa es producto del nacimiento, en el siglo VI, del “monacato occidental”, tradicionalmente atribuido a San Benito de Nurcia. Realmente, sólo la ignorancia de los europeos pudo sostener semejante atribución durante mil doscientos años; empero, pese a que desde el siglo XVIII se conoce en Occidente con bastante precisión la historia de las religiones del Asia, todavía hoy en día hay quienes sostienen tercamente esa patraña, entre ellos, el dogma oficial de la Iglesia Católica: mas, para comprobar el engaño, sólo hay que tomar un avión, viajar al Tíbet, y observar allí los monasterios budistas de los siglos III y II A.J.C., es decir, ochocientos años anteriores a San Benito, cuyas reglas internas y construcciones son análogas a las benedictinas. La oración y el trabajo eran allí la Regla, tal como en la fórmula ora et lavora de San Benito; pero, lo más importante, lo más revelador de la comparación, resultará sin dudas el descubrir que los monjes tibetanos se dedicaban al oficio de copistas, es decir, de reproducir y perpetuar antiguos documentos y libros, y a conservar y desarrollar el arte de la construcción de Templos, igual que los benedictinos. Y no hay que insistir, porque es suficientemente conocido, que aquellos monasterios constituían centros de difusión religiosa por la acción de los monjes misioneros y mendicantes que allí se preparaban y enviaban por toda el Asia.

A la luz de los conocimientos actuales, sin embargo, cualquier persona de buena fe ha de admitir que la institución del monacato oriental data del siglo X antes de Jesús, o sea, es por lo menos 1.400 años anterior a la aparición del monacato occidental. Para refrescar la memoria a este respecto, conviene recordar los siguientes datos: en primer lugar, que los himnos más antiguos del Rig Veda y los Upanishads mencionan las comunidades brahmánicas munis y vrâtyas; en segundo lugar, que en la Epoca de Buda, personaje histórico del siglo VII A.J.C., ya existían âshrams desde cientos de años antes; y por último, que si la reforma religiosa budista se extiende rápidamente en la India, China, Tíbet, Japón, etc., es porque ya existían los grupos que se iban a transformar en Sanghas.



El emperador Constantino, con el edicto de Milán del año 313, legaliza al Cristianismo y le concede derechos equivalentes a los de los Cultos paganos oficiales. Hacia el final del siglo IV, en el año 381, y por obra del emperador Teodosio I, se declara al Cristianismo “religión oficial del Estado” y se prohíben los Cultos paganos; en 386 se ordena, mediante un decreto imperial, “el cierre de todos los templos paganos”; y en 392, por ley imperial, “se considera y castiga el Culto pagano como crimen de lesa majestad”, es decir, sancionado con la pena de muerte. Estas medidas no afectaron a los Señores de Tharsis pues años antes ya habían adoptado el Cristianismo como religión familiar. El Culto de Jesús Cristo provenía del país de Canaán, la patria de los Golen, y tal origen resultó, como es lógico, sospechoso de entrada; pero además estaba el pretendido fundamento cultural del drama de Jesús: las profecías registradas en un conjunto de libros canónicos de los hebreos, quienes afirmaban ser “el Pueblo Elegido del Dios Creador”. Nada de esto convencía a los Señores de Tharsis y, por el contrario, cuanto más observaban aquel nuevo Culto oriental, más se persuadían de que tras él se ocultaba una colosal conspiración urdida por la Fraternidad Blanca. ¿Cómo fue, entonces, que adoptaron el Cristianismo como religión familiar? Porque, por sobre la procedencia del Culto y la filiación de sus cultores, existía un hecho incuestionable: que la historia narrada en los evangelios era en parte verdadera. Esto lo podían asegurar los Señores de Tharsis sin ningún género de dudas pues ellos la conocían desde miles de años atrás, mucho tiempo antes de que Jesús viviese en Palestina. Pues aquélla era, indudablemente, una nueva versión de la historia de Navután.

Para conocer la historia en toda su pureza habría que remontarse miles de años en el pasado, hasta la Epoca de los Atlantes blancos, Padres de todos los pueblos blancos del Pacto de Sangre. Ellos aseguraban estar guiados por Navután, el Gran Jefe Blanco que había descubierto el secreto del encadenamiento espiritual y les había revelado el modo en que el Espíritu podría abandonar la materia y ser libre y eterno más allá de las estrellas, es decir, más allá de las Moradas de los Dioses y de las Potencias de la Materia. De acuerdo con los relatos de los Atlantes blancos, Navután era un Dios que existía, libre y eterno como todos los Espíritus Hiperbóreos, allende las estrellas. El Dios Incognoscible, de quien nada puede afirmarse desde más acá del Origen, Navután, y otros Dioses, estaban furiosos porque un sector de la Raza del Espíritu se hallaba detenida en el Universo de la Materia: y la ira no iba dirigida solamente contra las Potencias de la Materia que retenían a los Espíritus, sino también contra el Espíritu débil, contra el Espíritu carente de Voluntad Graciosa para quebrar la Ilusión del Gran Engaño y liberarse por Sí Mismo. En la Tierra, el Espíritu había sido encadenado al animal hombre para que su fuerza volitiva acelerase la evolución de la estructura psíquica de éste: y tan férreo era el encadenamiento, tan sumido estaba el Espíritu en la naturaleza anímica del animal hombre, que había olvidado su Origen y creía ser un producto de la Naturaleza y de las Potencias de la Materia, una creación de los Dioses. En otras ocasiones, desde que el Espíritu permanecía en la Tierra, los Dioses Liberadores, sus Espíritus Hermanos, acudieron en su ayuda y muchos fueron liberados y regresaron con Ellos: por esa causa, se libraron terribles Batallas contra las Potencias de la Materia. Ultimamente, por ejemplo, había atravesado el Origen, y se había presentado ante los hombres de la Atlántida, el Gran Jefe de Toda la Raza Hiperbórea prisionera, el Señor de la Belleza de las Formas Increadas, el Señor del Valor Absoluto, el Señor de la Luz Increada, el Enviado del Dios Incognoscible para Liberar al Espíritu, es decir, el Kristos de Luz Increada, Kristos Luz, Luci Bel, Lúcifer, o Kristos Lúcifer. Pero la manifestación de Kristos Lúcifer en la Atlántida causó la destrucción de su civilización materialista: la Batalla de la Atlántida culminó con el hundimiento del continente, mucho después de que Aquél hubiese regresado al Origen.

En esas circunstancias, frente a la catástrofe inminente de la Atlántida, se desarrolla la historia de Navután. Los hombres amarillos, los hombres rojos, los hombres negros, todos perecerán en un cataclismo peor que el que se avecina en la Atlántida: el que preocupa a los Dioses Liberadores es el cataclismo espiritual, el abismo en el que se sumergirán aún aquellos que sobrevivan al hundimiento de la Atlántida; y ese resultado parece inevitable debido a la insistencia y tenacidad con que la Fraternidad Blanca mantiene el encadenamiento espiritual, pero, más que nada, debido a la imposibilidad demostrada por el Espíritu para evitar la Ilusión y despertar del Gran Engaño; esas Razas, estratégicamente confundidas, seguirán ciegamente a los Sacerdotes Atlantes, quienes las conducirán con derechura hacia su definitiva decadencia espiritual. La Raza blanca es la única, en ese momento, que dispone de una posibilidad de liberación, posibilidad que los Dioses no van a ignorar. Pero el hombre blanco se halla muy dormido, con el Espíritu muy sumergido en la Ilusión de la Materia, muy proyectado en el Mundo Exterior: no será capaz de comprender la Revelación Interior del Espíritu, no podrá liberarse por Sí Mismo. Se hace necesaria una Revelación Exterior del Espíritu apta para la Raza blanca, mostrar desde afuera al hombre blanco una vía de liberación que conduzca a la Sabiduría Hiperbórea: para eso desciende Navután al Infierno. Navután, “Dios libre y eterno”, acepta bajar al Infierno, venir al Mundo de la Materia, y nacer como hombre blanco. Y como hombre blanco, realizar la hazaña de liberar por Sí Mismo su Espíritu encadenado: demostrará así a los hombres, con el ejemplo de Su Voluntad, el camino a seguir, la Orientación hacia el Origen.

Resumiendo, la historia que los Atlantes blancos trasmitieron en forma de Mito a los pueblos nativos, sería la siguiente. Vivía en la Atlántida una Virgen Blanca Muy Santa, consagrada al servicio del Dios Incognoscible y entregada a la contemplación de la Luz Increada. Afligida por la terrible hambruna que azotaba a su pueblo, aquella Virgen pidió auxilio al Incognoscible; y este Dios Supremo, cuya Voluntad es la Gracia, le enseñó un camino hacia el Planeta Venus. Ya allí, la Virgen recibió del Enviado del Incognoscible varios ejemplares de la Planta del Trigo, con la que se saciaría el hambre material de los hombres, una Vara, que serviría para medir la Traición Blanca, y la semilla de un Niño de Piedra, que algún día sería hombre, se pondría a la cabeza de la Raza Blanca, y saciaría su hambre espiritual. Al regresar de Venus, la Virgen Blanca, que no había tenido jamás un contacto carnal con ningún hombre, estaba encinta de Navután. Los Dioses Liberadores le habían anunciado ya que sería madre y daría a luz un niño cuya Sabiduría espiritual libraría a la Raza blanca de la esclavitud material. Una serpiente intenta impedir que la Virgen cumpla su cometido pero Ella la mata aplastándole la cabeza con su pie derecho. Pasado el plazo, la Virgen alumbra a Navután y lo educa como Guerrero Constructor, contando con la ayuda de los Guardianes de la Sabiduría Lítica.

Existía en la Atlántida un sendero que conducía hasta un Jardín Encantado, el cual había sido construido por el Dios de la Ilusión. Crecía allí un Antiguo Arbol Granado, conocido como el Arbol de la Vida y también como el Arbol del Terror, cuyas raíces se extendían por toda la Tierra y cuyas ramas se elevaban hasta las Moradas Celestes del Dios de la Ilusión. Cerca de ese Granado Hechizado se hallaba un Arbol Manzano, tan Antiguo como Aquél, al que se llamaba el Arbol del Bien y del Mal o el Arbol de la Muerte. Era creencia corriente entre los Atlantes que el hombre, en un Principio, había sido inmortal: la causa de que el hombre tuviese que morir se debía a que los Grandes Antepasados habían comido del Fruto de este Arbol y la Muerte se había trasmitido a los descendientes como una Enfermedad. En verdad, la sangre del Arbol, su Savia Maldita, se había mezclado con la Sangre Inmortal del Hombre Original y regulaba desde adentro la Vida y la Muerte. Y nadie conocía el Remedio para esa Enfermedad. Navután, que carecía de padre humano, había nacido inmortal como los Hombres Originales, pero su inmortalidad era, por eso mismo, esencial, propia de su especial naturaleza espiritual; en consecuencia, su inmortalidad era incomunicable a los restantes hombres blancos, no servía para que ellos recuperasen la inmortalidad perdida. Por eso Navután, con el apoyo de su Divina Madre, la Virgen Ama, decide hacerse mortal y descubrir para los hombres el secreto de la inmortalidad.

Desde que los Grandes Antepasados comieran el Fruto del Arbol de la Muerte, nadie se atrevía a acercarse a él por temor a la Muerte. Pero Navután era inmortal como los Grandes Antepasados y pudo, como Ellos, aproximarse sin problemas. Una vez junto al Arbol, Navután cortó y comió el Fruto prohibido, quedando inmediatamente hechizado por la Ilusión de la Vida: ahora sólo le faltaba descubrir el secreto de la Muerte sin morir, puesto que si perecía en el intento jamás podría comunicar la Sabiduría a los hombres blancos. Es entonces cuando Navután se auto-crucifica en el Arbol del Terror, para vencer a la Muerte, y pende nueve noches de su tronco. Empero, mientras el tiempo transcurría, la Muerte se avecinaba sin que Navután consiguiese comprender su secreto. Al fin, ya agonizante, el Gran Jefe Blanco cerró su único ojo, que mantenía fijo en la Ilusión del Mundo, y miró hacia el Fondo de Sí Mismo, en una última y desesperada reacción para salvar la vida que se apagaba sin remedio. Y en la cima de Sí Mismo, en medio de la Negrura Infinita de la Muerte insinuada, vio surgir una Figura Resplandeciente, un Ser que era Pura Gracia: se trataba de Frya, la Alegría del Espíritu, su Divina Esposa del Origen que acudía en su auxilio.
Cuando Navután abre nuevamente su ojo, Frya sale por él y se interna en el Mundo del Gran Engaño: va a buscar el secreto de la Muerte para salvar a su Esposo agonizante. Sin embargo no logra conseguirlo y el tiempo se acaba inexorablemente. Al fin, sin desesperar, Frya se dirige a Hiperbórea para consultar a los Dioses Liberadores; Ellos le aconsejan buscar a un Gigante bicéfalo que habita en un Mundo situado bajo las raíces del Arbol del Terror y que ejerce el oficio de clavero: a ese Gigante debe robarle la Llave Kâlachakra, pues en ella los Dioses Traidores han grabado el secreto de la Muerte. El Mito de los Atlantes blancos es aquí muy complejo y sólo conviene mencionar que Frya, transformada en Cuervo, desciende al Mundo del Gigante bifronte y le roba la Llave Kâlachakra: mas, para conseguirla, ha tenido que convertirse en asesina y prostituta; Frya, en efecto, quiebra con un golpe de su hacha la Llave Kâlachakra, pero el paletón, al caer, se transforma en siete gigantes de siete cabezas cada uno, quienes “duermen para que las Razas raíces vivan por ellos”; acto seguido, y sin alternativas pues está urgida por el tiempo, Frya se viste con el Velo de la Muerte que aquellos gigantes tienen sujeto con un lazo en cada cuello: luego los despierta sucesivamente y se entrega a ellos como amante, pero inexorablemente los va decapitando en la culminación del orgasmo; y las cabezas de los Gigantes, ensartadas en una cuerda o sutrâtma, forman el collar de Frya Kâlibur, en el que cada cráneo representa un Signo del Alfabeto Sagrado de la Raza Blanca. Por fin el Velo de la Muerte queda suelto y Frya, nuevamente transformada en cuervo, regresa velozmente junto a Navután.

Pero ya es tarde: justo en el momento de llegar, Navután exhala el último suspiro y su ojo se está cerrando para siempre. Frya comprende que será imposible revelarle a Navután el secreto de la Muerte pues acaba de morir y ya no podrá leer la Llave Kâlachakra. Y es así como, sin perder un instante, Frya toma la decisión que salvará a Navután y a la Raza blanca: se transforma en Perdiz y penetra nuevamente en Navután. La Llave Kâlachakra debe dejarla afuera, puesto que sólo Ella puede existir en el Fondo de Sí Mismo. Frya debe revelar a Navután el Secreto de la Muerte, no sólo para lograr su resurrección, sino también para que su Esposo lo comunique a los hombres; de otra manera su inmolación habría sido en vano. Mas ¿cómo exponer a Navután el Secreto de la Muerte sin la Llave Kâlachakra, sin mostrarle ese instrumento del encadenamiento espiritual, para su comprensión? Y Frya lo decide en ese instante: como perdiz, danzará el Secreto de la Vida y de la Muerte. Expresará, con la danza, la Más Alta Sabiduría que le sea posible comprender al hombre mortal desde Afuera de Sí Mismo.

Y Frya, danzando en el Fondo de Sí Mismo, revela a Navután el Secreto procedente de Afuera de Sí Mismo. Y Navután lo comprende, se corta el hechizo causado por el Fruto del Arbol de la Vida y de la Muerte, y resucita nuevamente como inmortal. Y al bajar de su crucifixión en el Arbol, repara que su cuerpo se ha trasmutado y ahora es de Piedra Pura; y que puede comprender y expresar la Lengua de los Pájaros. Entonces Navután enseña a los Atlantes blancos las trece más tres Vrunas mediante la Lengua de los Pájaros y los encamina a comprender el Signo del Origen, “con lo que obtendrán la Más Alta Sabiduría, serán inmortales mientras el Espíritu permanece encadenado al animal hombre, y conquistarán la Eternidad cuando ganen la Batalla contra las Potencias de la Materia y sean libres en el Origen”.

Hasta aquí resumí, la historia de Navután, de acuerdo al relato mítico de los Atlantes blancos. Es fácil advertir que tenía muchos puntos comunes con la historia evangélica de Jesús Cristo: ambas historias tratan de un Dios hecho hombre; ambos Dioses nacen de una Virgen; ambos mueren por crucifixión voluntaria; ambos resucitan; ambos dejan el testamento de su Sabiduría; ambos forman discípulos a los que revelan la “buena nueva”, que estos deberán comunicar a sus semejantes; ambos afirman que “el Reino no es de este Mundo”; etc. Pero es evidente que existen, también, diferencias fundamentales entre ambas doctrinas. Quizá las más acentuadas sean las siguientes: Navután viene para liberar al Espíritu del Hombre de su prisión en el Mundo del Dios Creador; el Espíritu es Increado, es decir, no Creado por el Dios Creador y, por lo tanto, nada de lo que aquí acontece puede mancillarlo esencialmente y mucho menos afectarlo éticamente; el Espíritu es Inocente y puro en la Eternidad del Origen; de allí que Navután afirme que el Espíritu Hiperbóreo, perteneciente a una Raza Guerrera, sólo puede manifestar una actitud de hostilidad esencial hacia el Mundo del Dios Creador, sólo puede rebelarse ante el Orden Material, sólo puede dudar de la Realidad del Mundo que constituye el Gran Engaño, sólo puede rechazar como Falso o Enemigo a todo aquello que no sea producto de Sí Mismo, es decir, del Espíritu, y sólo puede alentar un único propósito con Sabiduría: abandonar el Mundo del Dios Creador, donde es esclavo, y regresar al Mundo del Incognoscible, donde será nuevamente un Dios. Contrariamente, Jesús Cristo viene para salvar al Alma del Hombre del Pecado, de la Falta a la Ley del Dios Creador; el Alma es Creada por el Dios Creador y debe obedecer ciegamente a la Ley de su Padre; todo cuanto aquí acontece afecta éticamente al Alma y puede aumentar su cuota de Pecado; el Alma no es inocente ni pura pues el hombre se halla en este Mundo como castigo por un Pecado Original cometido por los Padres del Género Humano y hereda, por consiguiente, el Pecado Original; de allí que Jesús Cristo afirme que el Alma del Hombre, la creatura más perfecta del Dios Creador, sólo debe manifestar una actitud de amor esencial hacia el Mundo del Dios Creador, sólo debe aceptar con resignación su puesto en el Orden Material, sólo debe creer en la Realidad del Mundo, sólo debe aceptar como Verdadero y Amigo a aquello que prueba venir en Nombre del Dios Creador, y sólo debe alentar un único propósito con Sabiduría: permanecer en el Mundo del Dios Creador como oveja y ser pastoreada por Jesús Cristo o los Sacerdotes que lo representen. Ser Dios o ser oveja, ésa es la cuestión.

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